Resolución de los Concursos 2018

Los concursos de relato, dibujo y poesía se han desarrollado entre el 29 de septiembre y el 31 de octubre de 2018. En ese tiempo se han recibido 2, 3 y 6 propuestas del concurso de dibujo, relato y poesía respectivamente, todas ellas declaradas válidas para el concurso.

El Jurado ha estado compuesto por los miembros de la Asociación Cultural AwA entre los que se encuentran presentes el Presidente de AwA, Secretario y el (mejor) Vicepresidente de la misma para el curso 2018-2019.

Lo criterios seguidos por el Jurado para la valoración de las propuestas ha sido el siguiente:

  • Originalidad y creatividad.
  • Aspecto artístico y visual.
  • La calidad de la expresión escrita.
  • Ajuste a las normas descritas en las bases.

Se ha valorado cada propuesta con un punto por cada voto recibido, haciendo después una conversión a porcentaje que representara la proporción de votos recibidos por la propuesta en relación a los votos totales en la categoría, siendo la propuesta ganadora aquella con mayor porcentaje de votos.

Tras la valoración, la puntuación final para las distintas categorías es la siguiente:

Relatos:

  • En tercera posición: “La tormenta en el ardor” con 17% de los votos.
  • En segunda posición “La muerte al filo del paladar” con el 33% de los votos.
  • Y Ganador “Do it again” con el 50% de los votos.

Dibujos:

  • Por unanimidad ha ganado “Apocaletsii”. Agradecemos igualmente el dibujo “Blando por dentro”.

Poesía:

  • Con un triple empate al 20% de los votos están “Renacer” “Cultura de masas” y “al caer”.
  • Ganador de certamen con un 40% de los votos es “Sosiego”.

 

Concursos AwA 2018! Dibujo, Relato y Poesía!!

policy-icon-1

Un año más, AwA estrena el año académico con su emblemático concurso literario, artístico y, como novedad de este año, ¡poético!

Así es, estrenamos nueva categoría viendo la gran afición que tiene la poesía en la Escuela de Industriales.

Os dejamos de plazo hasta el 31 de octubre para mandarnos vuestras propuestas, ¡no os quedéis fuera!¡Hay premio!

Bases del concurso:

  1. Bases del concurso de dibujos 2018
  2. Bases del concurso de poesía 2018
  3. Bases del concurso de relato 2018

 

Resolución de los Concursos 2017

Los concursos de relato y dibujo se han desarrollado entre el 20 de septiembre y el 20 de octubre de 2017. En ese tiempo se han recibido 3 propuestas para el concurso de dibujo y 6 propuestas para el concurso de relato, todas ellas declaradas válidas para el concurso.
El Jurado ha estado compuesto por los miembros de la Asociación Cultural AwA entre los que se encuentran presentes el Presidente de AwA, Secretario y Vicepresidente de la misma para el curso 2017-2018.

Los criterios seguidos por el Jurado para la valoración de las propuestas ha sido el siguientes:
• Originalidad y creatividad
• Aspecto artístico y visual
• Ajuste a las normas descritas en las bases.

Sigue leyendo “Resolución de los Concursos 2017”

Resolución de los Concursos 2017

Los concursos de relato y dibujo se han desarrollado entre el 20 de septiembre y el 20 de octubre de 2017. En ese tiempo se han recibido 3 propuestas para el concurso de dibujo y 6 propuestas para el concurso de relato, todas ellas declaradas válidas para el concurso.
El Jurado ha estado compuesto por los miembros de la Asociación Cultural AwA entre los que se encuentran presentes el Presidente de AwA, Secretario y Vicepresidente de la misma para el curso 2017-2018.
Los criterios seguidos por el Jurado para la valoración de las propuestas ha sido el siguientes:

  • Originalidad y creatividad
  • Aspecto artístico y visual
  • Ajuste a las normas descritas en las bases.

Se ha valorado cada propuesta con una puntuación de entre 1 y 5, siendo la propuesta ganadora la que obtuviera la mayor suma de puntos.
En cada uno de los concursos votaron los mismo 5 jueces.
Tras la valoración, la puntuación final para el concurso de Dibujo es la siguiente:

  1. El pensador: 25 pts.
  2. Breakfast at Millenium Falcom: 0 pts
  3. Pudor Mixto: 0 pts.

Para el concurso de Dibujo es la siguiente:

  1. Stanlingrado: 15pts.
  2. Espectro de un suceso: 10 pts.
  3. Loca esperanza: 0 pts.
  4.  Misterio a medianoche: 0 pts.
  5.  Recuerdos del niño que no soy: 0 pts.
  6. Fantasmas de ceniza: 0 pts.

Por lo tanto, este Jurado proclama ganador del concurso de Relato a la propuesta STALINGRADO, y ganador del concurso de Dibujo a la propuesta EL PENSADOR.
El Jurado quiere agradecer la participación y destacar la originalidad de todas las propuestas presentadas.

Firmado: Irene Garcia, presidenta de AwA 22/11/2017

 

—-> Stalingrado_Teclarra <—-

Resolución de los Concursos 2017

 

Resolución Concurso de Portadas 2015

El concurso de portadas 2015 se ha desarrollado entre el 6 y el 25 de octubre de 2015. En ese tiempo se han recibido 9 propuestas, todas ellas declaradas válidas para el concurso.

El Jurado ha estado compuesto por los miembros de la Asociación Cultural AwA entre los que se encuentran presentes el Presidente de AwA, Secretario y Vicepresidente de la misma para el curso 2015-2016.

Lo criterios seguidos por el Jurado para la valoración de las propuestas ha sido el siguiente:

  • Originalidad y creatividad
  • Aspecto artístico y visual
  • Sentido humorístico

Se ha valorado cada propuesta con una puntuación de entre 1 y 5, siendo la propuesta ganadora la que obtuviera la mayor suma de puntos.

Tras la valoración, la puntuación final es la siguiente:

  1. Morzango: 29 ptos.
  2. ÁnimoIngeniero: 25 ptos.
  3. Física para poetas: 22 ptos.
  4. ETSII Especialidades: 19 ptos.
  5. Estudiando Materiales: 16 ptos.
  6. Puta Bida: 14 ptos.
  7. Agüa: 12 ptos.
  8. Bajan las tasas: 8 ptos.
  9. Iyuu: 6 ptos.

Por lo tanto, este Jurado proclama ganador del Concurso de Portadas 2015 a la propuesta Morzango.

El Jurado quiere agradecer la participación y destacar la originalidad de todas las propuestas presentadas.

Bases del Concurso de Portadas 2015

Objeto del concurso

El objeto del concurso es la selección, por parte de la Asociación Cultural AwA (en adelante AwA), de la mejor ilustración propuesta con objeto de ser publicada en la portada.

Condiciones de participación

Podrán concurrir al concurso los originales que reúnan las siguientes condiciones y requisitos:

  • Está abierto a todas aquellas personas que estén matriculadas en cualquiera de las titulaciones (licenciaturas, grados, segundos ciclos, másteres, etc.) ofertadas por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales, así como cualquier miembro del personal docente o el personal de administración y servicios adscrito a dicha universidad.
  • Las ilustraciones presentadas serán originales, inéditas y no premiadas ni pendientes de resolución en ningún otro concurso.
  • La temática será libre con tal que no sea ordinaria e hiriente para la integridad de las personas y los miembros de la UPM.
  • En caso de resultar ganadora, la ilustración habrá de estar rotulada en tinta negra, con trazo definido y escaneado con una resolución de 300 ppp.
  • Las obras galardonadas serán publicadas en la portada en el número de AwA reservado para ello. El convocante se reserva el derecho de publicar las ilustraciones así como otros que considere de calidad en antologías posteriores.
  • El concurso puede considerarse vacío.

Plazos

El plazo de presentación empieza desde el dia de la publicación del número de Awa correspondiente anunciando el concurso hasta el 25 de octubre a la medianoche de ese mismo dia.

No será necesaria inscripción previa. La documentación completa del concurso se encontrará en la página web (https://awaetsii.wordpress.com) desde el momento de su lanzamiento y podrá ser consultada libremente por cualquier interesado.

El ganador se hará público en el número siguiente al número anunciante del concurso. También se informará a los participantes del resultado mediante correo electrónico. Los ganadores se comprometen a prestar diligente la información necesaria para obtener la cuantía del premio, declarándose nulo en caso de no recibir ninguna contestación en quince días.

Premio.

Los premios de este concurso constaran de un único premio de 50 € al dibujo ganador en forma de una tarjeta regalo en una tienda a elección del ganador, ya sea Fnac, El Corte Inglés, etc.

Si el Jurado lo considerase necesario, se podrá declarar el premio desierto.

Documentación a presentar

Los dibujos se presentarán mediante el email de la revista (awa.etsii@gmail.com) indicando en el asunto “Concurso DIBUJO15”. En el email se adjuntarán los dos archivos que figuran en los anexos: en uno se presentará la ilustración para su valoración y en el otro archivo constarán los datos del concursante. En el nombre de los dos archivos figurará el pseudónimo del concursante.

  • Ejemplo: Archivo de datos: “Título”_“pseudónimo”_DATOS.pdf

  Archivo de ilustración: “Título”_”pseudónimo”_DIBUJO.pdf / .jpg

En caso de ser posible, a traves del buzón de la asociación (tercera planta junto al baño de chicas). De entregarse de este modo se entregarán dos sobres, uno con el dibujo firmado con el pseudónimo y un segundo sobre donde se adjunte la información personal del concursante.

QUINTO.- Jurado

El Jurado estará compuesto por los miembros de la Asociación Cultural AwA entre los que se encontraran presentes el Presidente de AwA y Secretario y Vicepresidente de la misma.

El 16 de noviembre de 2015 quedará redactada el Acta del Fallo del Jurado, que contendrá el dictamen razonado que lo fundamente, pudiendo cada miembro del Jurado hacer constar por separado las razones de su voto.

Serán funciones del Jurado:

  • Análisis de la documentación, la admisión definitiva de los trabajos recibidos y la propuesta razonada de exclusión de aquellos trabajos no admitidos.
  • Análisis de las propuestas presentadas y valoración de las mismas, pudiendo recabar a tal efecto los asesoramientos que estimen oportunos.
  • La vigilancia y el cumplimiento del anonimato riguroso con el que se deberá examinar la documentación.
  • La propuesta de resolución definitiva, el fallo que resuelva el concurso deberá ser razonado respecto a la propuesta receptora del premio y así quedará recogido en el acta.

Tras la firma del acta del jurado, ésta se hará pública.

El fallo del jurado será inapelable, pudiendo declarar el premio desierto si así lo consideran.

Derechos

AwA se reserva el derecho de modificar tanto en cuanto considere necesario, los elementos de la propuesta ganadora para adaptarlos al formato final que se utilizará en el número de la revista correspondiente.

El hecho de presentarse a este concurso supone la aceptación plena de las presentes bases.

Asociación Cultural AwA

AWA nº 80, Mayo de 2014

Número 80  con los ganadores del IVº Concurso de relatos AwA-Kilowatio .…¡¡Disfruta de la lectura!!

Si no dispones de Flash, pincha en la imagen para leer el número.

Portada AwA80

 

Si hubiese cualquier tipo de problema , por favor, no dudéis en comunicárnoslo a: awa.etsii@gmail.com

Y a esa misma dirección mandadnos vuestras colaboraciones; textos, dibujos o simples opiniones.

¡¡Buena lectura!!

Gravedad (1er Premio IVº Concurso de Relato Corto ACEII Kilowatio-AwA)

Gravedad

1er Premio IVº Concurso de Relato Corto ACEII Kilowatio-AwA

Por Delwood

Era ella. Estaba en peligro. Y yo la podía salvar, mi turno. Todo era tal y como lo había soñado. Y entonces, en ese momento, justo en ese preciso instante, apareció la duda. La eterna duda: ¿Y si no? ¿Y si no fuera la mujer de mi vida? Le salvaría la vida para nada. Está claro, ella quedaría enamorada de mí, esto es así, lo dicen las películas, pero ¿y si un día me daba cuenta de que ella era terriblemente aburrida? ¿Y si se hiciera naturalista y dejará de depilarse las axilas? Aun peor. ¿Y si no tuviera ombligo? Bueno, era improbable pero eran cosas que no podría soportar, definitivamente lo mejor era analizar la situación.

Ella estaba colgando dieciocho metros por encima de un río, con las dos manos agarradas en la barandilla de un puente. La balaustrada cedía gradualmente arqueándose con crujidos, que es como grita el acero. Yo era el único que podía verla, el único que podía escuchar sus gemidos de socorro. Pero salvarla requería un esfuerzo, debía trasladarme hasta allí, agarrarla de los brazos y subirla con fuerza, era de una de esas cosas que no se deben tomar a la ligera.

Estaba claro, una vez dado el paso había que llegar hasta el final, pero debía estar convencido. También estaba el callejón moral que suponía la situación. La responsabilidad de una vida pesaba sobre mis hombros. Pero, según había oído, eso no es nada frente al daño que podía causar un desamor. Si se hiciera naturalista y tomara la decisión de no afeitarse las axilas sería difícil continuar una relación con ella, ¿y cómo podía saber si eso sería menos doloroso? “La vida duele mucho más que la muerte”, hubo una vez alguien que dijo eso. Tal vez le haga un favor yéndome a mi casa, ¡pero, ¿cómo averiguarlo?! Si tuviera aquí mis libros, seguro que podría llegar a una conclusión, nadie dijo que salvar a alguien fuera tan complicado. Había que analizar los antecedentes.

Cuando tenía cinco años pase un año en la granja de mis abuelos, en Galicia. Yo tenía miedo a los truenos desde que a mi padrastro, que era guardia forestal, le cayó un rayo en la cabeza. Mi madre, las noches tormentosas, cortaba jazmín y me lo dejaba en un vaso de cristal en la mesita de noche, decía que eso ahuyentaría a los rayos. Su pelo olía así, a húmedo jazmín.

Lo recuerdo perfectamente. Lo recuerdo perfectamente porque era un día de niebla. Los días de niebla me producen hipersensibilidad. Salía de mi club de lectura buscando ese olor a jazmín abrumador y la vi. Esos ojos melosos me atravesaron por un momento, me quedé extasiado. Su piel era suave, como la seda, con pelos dorados en los brazos, que te hacen cosquillas cuando los besas. Sus pómulos sabían a chocolate, sus labios sabían a almendras. Me hubiera gustado poder acercarme a ella pero pidió un taxi, su voz era armoniosa, grave, áspera pero femenina. No paré de pensar en ella en todo el día.

Pero el universo conspira cuando dos personas se buscan.

Todos los martes por la noche acompaño a un anciano ciego desde el comedor social hasta su casa; de vuelta a mi casa me encontraba inmerso en mis recuerdos cuando la vi atravesar el puente. Vi cómo se abalanzaban dos hombres a por ella, querían violarla. Aparecí corriendo y conseguí apartar a uno de esos hombres pero el otro me golpeó fuerte en la cara, su puño olía a barro, su nudillo se sentía como granizo en mi mejilla. Caí en el acto. Entonces la empujaron al agua y salieron corriendo. Pero ella consiguió agarrar la barandilla.

En las noches de niebla los arboles huelen a grillo.

 

***

 

Durante la Edad Media, el tiempo se paró, el mundo no progresaba en ningún aspecto. Pero siempre hay excepciones. El ingenio rebosaba en los instrumentos de tortura, gracias a la Santa Inquisición. Entre ellos sobresalía “la pera de la angustia”, un instrumento en forma de esa fruta que se introducía en la boca, ano o vagina de la víctima, y una vez dentro se abría. A los mentirosos se les introducía en la boca, cada segmento del artefacto les desgarraba la carne. Yo no soy un mentiroso, mi doctor dice que no lo sea.

En realidad, yo no voy a un club de lectura, iba a la consulta del doctor cuando la vi. Ese culo bamboleante parecía un columpio, el impacto de una nalga sobre la otra se podía leer en su falda ceñida. Cada paso. Podía oír su percusión, una melodía mortalmente obscena. Su culo era ancho, generoso. Un culo que no se olvida, yo no lo olvidé.

No hubo dos personas que la lanzaron al río, no la defendí ante nadie. Fue un hombre con una máscara de carnaval y cubierto por una gran capa negra. Huyó corriendo con el bolso de ella, desprendiéndose de la capa y la máscara, también de ella, la dejó colgando del puente. Desde donde estaba podía ver el disfraz en el suelo, una oruga ascendía por la enorme nariz de la máscara. Mientras la observaba me arrepentía de no haber seguido a aquel misterioso individuo. Ello no hubiera implicado una duda de la magnitud en la que me veía hallado. Ser una oruga tampoco parecía complicado.

Además ahora existía un riesgo, si se rompía el pasamanos se enfrentaba a una muerte segura, puede que incluso ella se riera de mí -no sirves para nada- gritaría. Pero ella también moriría, por idiota. Decidí que el riesgo no me asustaba, hubo alguien que dijo que sin riesgo no hay gloria. Indudablemente, yo era un hombre de gloria. Era un alivio haberse desprendido de uno de los dilemas.

Necesitaba una aspirina.

 

***

 

Pragmatismo. Extraña palabra. Dila muchas veces y ya no sabrás qué coño significa. Significa que un hombre disfrazado puede empujar a una joven si luego se lleva su bolso. Sin su bolso todo se vuelve extrañamente confuso. ¿Y qué saco de todo eso? Nos inunda nuestra naturaleza malvada a cada instante pero no podemos reconocerla cuando se abre ante nuestros ojos. Hacer el mal por el mal, perpetuamente hacemos cosas que se sabe que no se deben hacer justo por eso, porque no se deben hacer. Pero si lo viéramos escrito no sería veraz. El perpetuo triunfo de la realidad sobre la ficción. La realidad siempre juega con ventaja, no tiene que convencer a nadie.

Está claro, ese hombre no le robó el bolso a ella. El bolso cayó al río. Cuando se iba pude ver la cara de ese enigmático individuo. Tras la máscara veneciana se escondía mi propia tez.

Estoy mejorando, seguro. Estoy diciendo la verdad y eso es heroico. Lo dijo el doctor. Tal vez ahora que he contado la verdad esté curado definitivamente. Se lo tengo que preguntar. Hay días que el mundo me necesita para seguir girando.

Contemplando toda la acción el tiempo transcurría rápido. El extraño individuo enmascarado que era yo, se había ido corriendo. Era astuto, había encontrado la forma de conocerla. Pero debía haberme consultado. No era fácil decidir, pero pensar es de cobardes, yo soy un tipo de acción. Me acerqué al puente y agarré su mano. Su cara me miraba, preciosa, su pelo bailaba un tango brutal. El olor a jazmín se mezclaba con el olor a grillo. Era tan bonita que dolía, me entraron ganas de morir. Me tiré. Me quedé agarrado a ella. Era suave, estaba sudando. Caímos dieciocho metros mientras ella gritaba. Gritaba “GILIPOLLAS”. A veces el mundo es tan poco original. Hay días que no puedo levantarme del aburrimiento.

 

***

Fascinante. Una caída es mortal a partir de veinticinco metros. Lo primero que vi fue luz blanca y agua escupida de mi boca. Lo segundo que vi fue el rostro de ella. No pensé que estaba muerto, si estuviera muerto no estaría en el cielo, joder. En la ribera del río. Sentí sabor a chocolate con almendras. No había niebla. Mi cabeza se apoyaba sobre el tronco de un sauce blanco. Su camiseta estaba mojada. Mantuvimos el silencio un rato, mirando la corriente del río. Me empezaba a aburrir profundamente. Me fui.

Las cosas nunca salen como uno espera. Ya no me importaba si se hacía naturalista. ¿Me habría hecho el boca a boca? Me gustaba el chocolate. Tal vez en otra ocasión.

¿Es que no puede cambiar la ley de la gravedad? Que cambie por la noche, cuando todos duermen. Al día siguiente todos andarán orgullosos, como si no se hubieran golpeado el cráneo contra el techo de su habitación.

 

LA RAPSODIA DE LAS DAGAS OSCURAS (2º Premio IVº Concurso de Relato Corto ACEII Kilowatio-AwA)

LA RAPSODIA DE LAS DAGAS OSCURAS

2º Premio IVº Concurso de Relato Corto ACEII Kilowatio-AwA

Por Sherezade

Yo sé de qué tiene miedo la luna.
Hay quien dice que tiene miedo de reflejarse en el agua, por eso nunca se asoma.

Y cierto es que jamás se mira en ese espejo de sombras, pero realmente no se trata de ninguna manía narcisista: la luna es vieja, y sabe no dejarse cautivar por su belleza.

Pero yo no, y ya casi he olvidado lo que es la luz, así que si viera un débil, el más pálido y tenue brillo sobre la superficie, enloquecería, y perseguiría ese reflejo hasta que mi espíritu muriera de deseo.

Tiene gracia que eche de menos el brillo de la luna cuando siempre viví de las veladas oscuras, pues era fácil vivir de ellas cuando los anhelos superaban las posibilidades de la realidad. Y hoy, que tengo un corazón estático, mi mente recuerda cada color perdido entre la madera del piano, aquel que tanto nos hizo bailar…

París, 1895

Mi amor por París no era como el de esos amantes que se olvidan mutuamente después de una corta noche de pasión, era más del tipo de amor que desgarra el alma y la vuelve a coser, y aunque tengo el corazón lleno de remiendos, en realidad las heridas nunca me dolieron.

Mi vida era la plata fina de París, las catedrales de colores, el acento de sus gentes, la tierra de sus calles… y la magia del cabaret.

Yo crecí bajo el escenario de insinuantes sombras, labios rojos y miradas felinas, siempre perdida entre las plumas de las bailarinas, las botellas de licor de los clientes y fardos y fardos de dinero que poco a poco desaparecían entre las faldas y los escotes.page1image16008 page1image16168

Conocía cada detalle de la puesta en escena, desde la suave cadencia de la música, esa breve pausa del acordeón cogiendo aire, lanzando un hechizo de pasión que las vedettes sabían aprovechar, hasta la hipnótica melodía rápida de pedir más whiskey. Y a mis diecisiete años, ése era un mundo hecho a mi medida.

Yo era hermosa. Realmente era preciosa, y fue mi error no mirar el escenario de la vida con ojos críticos en lugar de hacerlo con ilusiones estúpidas y lógicas absurdas, buscando siempre entre el público los ojos de fuego que más me encendieran.

Así que cuando aquella noche llegaron juntos, no pude dejar de mirarlos: eran el Sacre Coeur y Nuestra Señora de París, y me gustaron ambos.

El primero tenía la piel de arena, quemada por el sol, y el cabello dorado oscuro. Una enorme sonrisa le llenaba la cara, y tomaba coñac seco apoyado contra la barra de madera, junto a los músicos. Parecía sumido en la melodía, dormitando entre pensamientos casuales, pero realmente estaba inundado de mí. Yo lo sabía. Él nunca lo consiguió disimular.

El segundo era un misterio infinito, una idea abstracta, un aventurero que había robado un pedazo de cielo para dar color a su mirada. Siempre llevaba un violín, y pasaba horas afinándolo a la salida del cabaret, cuando el espectáculo acababa. Desde mi habitación yo escuchaba sus acordes de prueba, y hubiera jurado que estaba debajo de mi ventana, pero allí jamás hubo nadie y eso sólo conseguía incrementar mi interés.

Y mientras los días se sucedían, y las copas se llenaban y volvían a vaciar, el hombre rubio dejaba rosas rojas en la puerta de mi camerino tras cada actuación, y el joven guardián encerraba secretos tras el pianissimo compás de sus dedos sobre las cuerdas.

Nunca conocí realmente a mi oscuro violinista, pero tardé apenas tres noches en averiguar el nombre del otro hombre, mi amante de oro viejo y seductora voz, dos semanas en conocer el tacto de su pelo y el sabor de sus labios, y tras la tempestad de su roce áspero sobre mi cuerpo, apenas pasó una hora para recibir la primera bofetada.

Una vez un cliente me contó que al nacer nos dan una llave maestra que abre todas las puertas de la vida, y que la libertad era inmensa pues los caminos a elegir eran infinitos. Me dijo que saber vivir no consistía en abrir todas las puertas, sino en ser capaz de cerrar aquellas abiertas por error.

Yo jamás conseguí sacar a aquel hombre de mi vida. Y cada noche, hasta el amanecer, los suaves acordes de un lejano violín me hablaban de todos los monstruos que cada día venían a mi habitación. Monstruos de dolor, de miedo e ira, de odio.

Pero pronto esos fantasmas dejaron de pedirme baile, pues un atardecer de primavera, mientras buscaba el escondite del músico nocturno, mi cruel amante, borracho, celoso y loco, me asesinó.

Los cuentos decían que la vida nacía del corazón, y que el alma vivía en la sangre, llenándonos. Mi cuerpo murió aquel día, mientras la vida se me escapaba por la herida de mi vientre, pero mi alma fue rescatada por el chico del violín.

¿Cómo no haberme dado cuenta antes? Él era un símbolo de culturas ancestrales, un augurio de muerte. Era el violinista del tango ahogado y los cielos rojos, el recaudador de almas… que no tenía alma. Lo vi en sus ojos, que no revelaban más que el mutismo innato que le caracterizaba, una mirada vacía llena de eternidad.

Y yo era tan joven y mi ilusión por la vida era tan inmensa, que sólo podía pensar en la injusticia de mi suerte: yo solo había querido ser más feliz de lo que el mundo me ofrecía, y había visto mi reflejo brillar tantas veces bajo la luz de los escenarios, como una diosa de plata y diamantes, que no me había fijado en todas esas sombras que perseguían mis movimientos.page3image17912

Así que hice un trato con el violinista: mi alma se quedaría con él por siempre, velando la soledad de su música, a cambio de una vida de sufrimiento para el hombre que acabó con la mía.

Y así, cada día que pasaba, yo recitaba la rapsodia de las dagas oscuras una y otra vez, mil puñaladas para lo que le quedaba de existencia a mi asesino.

Y hoy lo he notado. He sentido su muerte, después de sentir la muerte de sus seres amados, después de sentir su ruina y su desesperación, su enfermedad y locura.

Lo he sentido como otras veces, estando presa en las profundidades de la noche eterna donde el músico me encerró, ahogada en una cárcel de agua. Y al igual que en otras ocasiones, esta vez mi alma también se ha estremecido ebria de venganza.

La luna no tiene miedo de su reflejo sobre el lago. Tiene miedo de lo que vive allí.

La luna tiene miedo de mí.

Mi parte del trato comienza ahora, y hoy el violinista ha vuelto, y me ha rodeado con sus brazos de la misma forma que se rememoran una y otra vez los momentos felices vividos. Hoy me ha llevado a ver el día, tras tantos años de oscuridad, y aunque para mí ya no existen las baladas, y no sé si sobreviviré a tanto réquiem escondido, hoy puedo decir que quizás la vida no sea solo abrir y cerrar puertas, sino también ser capaz de esperar tras ellas a que llegue momento adecuado.

Halftown o profeta (3er Premio IVº Concurso de Relato Corto ACEII Kilowatio-AwA)

Halftown o profeta

3er Premio IVº Concurso de Relato Corto ACEII Kilowatio-AwA

Por Nosfi

 

Un espasmo ajeno, un corte propio en la mano. Una vida ajena que literalmente se apaga, unas lágrimas propias. La ausencia de un último hálito ajeno, la tristeza propia propia del fin. Ni tan siquiera en aquel momento, llorando a Willy-Five, se tambaleó su firme, casi faraónica convicción, de que la fuente de su exclusión era ajena y nada tenía que ver con su propio ser; vehemente, flácido, violento, conspirador, nauseabundo, ingente, grotesco. Suspiró mientras miraba la sangre que brotaba, pero para dos minutos que le quedaban no se preocupó, se sumergió en la melancolía, una melancolía densa y turbia, con todos los horrores de su pasado disueltos en ella. Y volvió a suspirar.

 

Willi-Five o W5 era el nombre comercial del mejor amigo del Profeta, como se hacía llamar el antes conocido como señor Halftown. W5 era una suerte de araña robótica con una tecnología motriz deliberadamente obsoleta pero con una programación neuronal puntera enfocada a la supervivencia. De un color negro envejecido, como quitina demasiado curtida al sol, de tacto pegajoso, movimientos toscos y chasis de diseño agresivo eran un pase directo a las pesadillas de cualquier niño de cualquier época. Pero al Profeta le encantaba. Era el mejor blanco de sus frustraciones. Podía gritarle, apalearle y su castigo preferido, arrancarle extremidades con la boca llenándose los dientes de líquido lubricante; y su arañita se quejaba lo justo para alimentar su complacencia. Luego era capaz de arreglarse ella misma y volver fiel a su regazo, con la fidelidad temerosa de los negros de las plantaciones de algodón. Sus esclavos fueron muy débiles, biológicamente no aguantaban el carácter del Profeta.

W5 era, aparte de el compañero optimizado para el Profeta, su último alarde de superioridad. Todos los comercios de los territorios controlados por él deberían tener al menos un ejemplar a la venta por normativa y comprometerse a darle el mantenimiento adecuado mientras lo tuvieran en stock. Como todas las leyes, la pena era capital pues, como rezaban las Sagradas Escrituras donde se recogían los preceptos de la sociedad, “una leve desviación es imperfección”. Por supuesto, ningún habitante podía comprarlo al precio de mercado, ni tan siquiera el propio Profeta.

 

Con unas vistas privilegiadas, dos ojos empañados miraban el infinito mientras el espectáculo de la destrucción era una mera música de fondo para sus pensamientos. El cielo no tenía un color definido. El calor empezaba a secar los océanos. Los tornados devoraban montañas. Llovían satélites. Los núcleos urbanos titilaban antes de explotar o ser sepultados. Toda la historia de la humanidad iba cayendo poco a poco, amalgamándose en una nube de polvo. La nube de polvo igualatoria. Iba desapareciendo todo. Nanotecnología. Comunicaciones. Industrias. Libros. Ciudades. Plantaciones. Arte. Mujeres. Hombres. Animales. Plantas. Y por último, Dios.
El Profeta había adquirido su sobrenombre a fuerza de pronosticar el futuro o, más ciertamente, por forzar a que el futuro se ajustara a sus pronósticos. Previo a la primera profecía, el todavía señor Halftown se valió de su empresa de servicios informáticos para incluir algunas noticias falsas en las ediciones digitales de alguno de los diarios más importantes del Reino Unido. En ellas se narraba como él pronosticaba el intento de asesinato de un cardenal católico de visita a Londres. Incluso había una entrevista falsa. Las tentativas de eliminar la noticia o subir una rectificación fueron bloqueados. Solo le bastaron siete horas apostado en un tejado con un fusil, su conveniente falta de puntería y la vanidad de los medios que fueron infestados con la noticia para que se germinara su leyenda. A esto le siguieron atentados, accidentes nucleares, macabros asesinatos públicos que alimentaban su sadismo al tiempo que lo dotaban de un halo de misticismo que iba expandiendo su influencia y fama y sumía al mundo en una guerra sin bandos. A la postre, se formaría una especie de gobierno de concentración internacional con el Profeta como cabeza visible a partir de la cual vertebrar la paz. Y se consiguió poner fin al conflicto. Se publicó la primera edición de las Sagradas Escrituras donde todos los países aliados ponían a disposición de su recientemente nombrado líder sus recursos para luchar contra enemigos invisibles. El Profeta luchaba contra el Profeta y toda la humanidad era su ejército.

 

La brecha entre él y los hombres se había creado y su estatus de Dios se establecía. La magnitud de las profecías aumentaba a la par que el sometimiento del pueblo. Se extinguieron los DNIs, las familias y los partos. No había cabida para el humor o el sexo. Pero la felicidad cada vez le duraba menos al Profeta. Si hubiera una lista universal de perversiones ya habría tachado todo. Se aburría y la indulgencia o la caridad no era una opción. Así que se puso el mayor reto que pudo: pronosticó su propia muerte.

Subconsciente. Memoria parásita. JESSICA COOK. Amor imposible de la adolescencia. Fue suprimida en el plan auxiliar de reparto de los recursos donde se exterminó a los mayores de 50 años. Actualmente el vocablo amor está tipificado como arcaísmo. SUS PADRES. Progenitores. En un ejercicio de pragmatismo, fueron exiliados al olvido. Jerarquización obsoleta de los humanos.

El señor Halftown no fue ni tan siquiera señor en un principio. Hasta los 35 años era una persona insustancial. De pequeño creían que era autista, nunca aprendió a hablar bien. Prefería gruñir, empujar y poner esa sonrisa bobalicona, desmedida y descontrolada, con las babas cayendo de su boca mórbida. Cuando creció un poco, se dio cuenta de que la violencia no solo era física. Así, en la adolescencia los insultos fueron su arma preferida y, cuando no eran suficientes, la lascivia se convirtió en su refugio. En la universidad su obsesión era desacreditar a los profesores. Cuestiones enfermizas, intentando corregirlos con una vehemencia desaforada. Entró como programador de perfil bajo en una empresa informática. Su vida social se reducía a la infinidad de perfiles falsos que tenía durante el boom de las redes sociales de la época. Internet le otorgaba un anonimato que le permitía sacar a relucir su personalidad sin consecuencias para su persona. Todo fue así hasta los 35 años cuando murió por primera vez una persona en sus manos.

Esa jugada le reportó muchos beneficios. Tuvo suerte con las inversiones y multiplicó su patrimonio. Su seguridad afloró y empezó a gobernar empresas con mano de hierro. Una vez fue bautizado como el Profeta empezó a invertir en su imagen. Se afiló los dientes, se pigmentó la piel de azul y el iris de los ojos de blanco. Todos sus esfuerzos empresariales los dedicaba a convertirse en un ser humano superior para así lograr el reconocimiento de los demás. Implantes robóticos, entes informáticos inteligentes que podían sustituir a los obreros en las tareas prácticas, química celular y neuronal capaz de generar e inhibir emociones, erradicación de las enfermedades, creación del sueño sintético. Todo esto a costa de la libertad de los hombres y de la salud del planeta. Pero era terror. Y nada más.Mientras el señor Halftown se lavaba las manos en el baño escuchó un golpe seco en una de las cabinas de los urinarios. Dejó diluir el agua marrón del lavabo fruto de rebañar la crema de cacao que quedaba en el bote con los dedos y fue a ver qué había pasado. Unas piernas vestidas de etiqueta se deslizaban por debajo del hueco puerta. Abrió el cubículo y con una mano en el pecho y una cara de susto y yeso, un directivo de la empresa parecía implorar ayuda. Lo miró fijamente. Vio de cerca a la muerte a través de un infarto. El sonido de la respiración ahogada de aquel hombre que sostenía con sus brazos era la música más sosegadora que jamás había escuchado. La paz le invadía y se sintió completo por primera vez en su vida. Como cuando era niño, las babas del señor Halftown cayeron en el rostro del moribundo. Cuando cesó de respirar le metió la cabeza en el retrete, cogió su maletín y vendió los secretos empresariales que contenía a otra compañía rival. Era el comienzo de la megalomanía como estilo de vida.

El día de la última profecía tenía 386 años. Tuvieron que pasar 21 más para que su propio ejército pudiera penetrar en las defensas que durante tanto tiempo había generado para su protección personal.

Sangre, lágrimas, saliva, orina. Miedo, paz, euforia, inconsciencia. Remordimientos y satisfacción por el deber cumplido. “Profeta, despierta, que ya has fallecido. Eres mío”

Resolución del IV Concurso de Relatos ACEII-Kilowatio y AwA

¡Ya tenemos la resolución del IV Concurso de Relatos ACEII-Kilowatio y AwA!

Este año hemos recibido un gran número de relatos y por ello queríamos agradecer a nuestros lectores y muy particularmente a cada uno de los participantes, su presentación al concurso. Además, los miembros del jurado coinciden en destacar la calidad de los relatos, lo que supone un motivo de orgullo para nosotros: es un placer leer relatos maduros, bien escritos y con tanta diversidad de temas. Por tanto, enhorabuena a todos.

Finalmente, el fallo del jurado ha premiado los siguientes relatos:

PRIMER PREMIO: Gravedad de Delwood

SEGUNDO PREMIO: La rapsodia de las dagas oscuras de Sherezade

TERCER PREMIO: Halftown o profeta de Nosfi

Ojalá os impresionen tanto como a nosotros. Para empezar, déjense sumergir en el mundo apocalíptico y de poder de Nosfi. Sherezade, con una prosa suave y precisa, nos traslada al París más oscuro de finales del XIX, un relato de corazón a corazón, una historia cuidada y delicada a medio camino entre el deseo, el dolor y la juventud.

Y, por supuesto, el primer premio: Delwood ha cautivado al jurado con su original propuesta y su particular ingenio, traducido en un sentido del humor que no hace sino insistir en lo absurdo –como argumento estético y formal- de su propuesta narrativa. Un relato bien escrito, con una estructura milimétricamente ajustada al contenido; sin duda, puede leerse e interpretarse a varios niveles de profundidad. Desde las primeras pinceladas, sus palabras son inminencia e incertidumbre, entre el humor negro y el existencialismo. No pasen por alto el relato y quédense bajo el influjo del campo gravitatorio que nos propone Delwood.

Para acabar, aunque el jurado podía proclamar únicamente a tres relatos como flamantes ganadores de esta edición, no ha querido dejar pasar la oportunidad de otorgar una MENCIÓN ESPECIAL por su valor literario a los siguientes relatos:

El vuelo del tintero de Paracelso

Vacío de Eto Demerzel

Recordando el olvido de Clepsidra

NOTA: Desde AwA agradecemos el compromiso y la implicación de todos los miembros del jurado, cuya labor, imprescindible para que salga el concurso adelante, ha sido llevada a cabo de la mejor de las maneras.

AwA Nº 79, Febrero 2014

Número 79 con el que convocamos el IVº Concurso de relatos AwA – ACEII Kilowatio.…¡¡Disfruta de la lectura!!

Si no dispones de Flash, pincha en la imagen para leer el número.

Portada79

Si hubiese cualquier tipo de problema , por favor, no dudéis en comunicárnoslo a: awa.etsii@gmail.com

Y a esa misma dirección mandadnos vuestras colaboraciones; textos, dibujos o simples opiniones.

¡¡Buena lectura!!

IVº Concurso de relatos AwA y ACEII-Kilowatio 2014

Con motivo de la Semana Cultural AwA y ACEII Kilowatio convocamos el IVº Concurso de relatos.

BASES

Podrán concurrir al concurso los originales que reúnan las siguientes condiciones y requisitos:

  • Podrán participar todas aquellas personas que estén matriculadas en cualquiera de las titulaciones (licenciaturas, grados, segundos ciclos, másteres, etc.) ofertadas por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales Madrid, así como cualquier miembro del personal docente o el personal auxiliar PAS adscrito a dicho centro. De forma excepcional se va a permitir la participación de antiguos alumnos de la Escuela. Consideramos que si se han enterado del concurso es porque aún mantienen una vinculación importante con el centro y su revista.
  •  Las obras presentadas serán originales, inéditas y no premiadas ni pendientes de resolución en ningún otro concurso, debiendo estar escritas en castellano.
  •  El texto en cuestión se tratará de un relato corto, de temática libre, con una extensión no superior a las cinco páginas, que se presentarán mecanografiadas a ordenador, con doble espacio en tipo de letra Times New Roman, cuerpo de 12 puntos y paginadas. El relato deberá ir firmado con pseudónimo. Podrá presentarse exclusivamente un único relato por persona.
  • Los relatos SOLO se podrán enviar por correo electrónico a la dirección concurso.etsii.kw.awa@gmail.com. En el email se adjuntarán dos archivos: en uno se presentará el relato según el formato indicado y  en el otro archivo constarán los datos del concursante. En el nombre de los dos archivos figurarán tanto el título como el pseudónimo del concursante.

Ejemplo: Archivo de datos: “Título”_“pseudónimo”_DATOS

Archivo del relato: “Título”_”pseudónimo”_RELATO

En el archivo de datos aparecerán nombre y apellidos del autor, así como el correo electrónico y el número de teléfono de contacto. En caso de ser alumnos, deberá indicarse el número de matrícula y en los otros dos supuestos (docente o PAS), el autor deberá igualmente quedar claramente identificado como tal.

El encargado de la recepción de los relatos no será miembro del jurado, a efectos de garantizar en todo caso el anonimato de los remitentes.

Nota: Se mandará un mail de acusando recibo a cada participante.

  • El plazo de presentación de los originales será desde el momento de publicación de las bases hasta las 23:59 del martes, 11 de Marzo de 2014
  • El jurado estará constituido por miembros de ACEII Kilowatio, la revista cultural AWA y por un miembro de la biblioteca de la Escuela (solo en la segunda ronda de votación).
  • El fallo del jurado será inapelable, pudiendo declarar el premio desierto si así se considera.
  • El fallo será comunicado personalmente vía email a los ganadores durante la Semana Cultural. Los ganadores se comprometen a prestar diligentemente la información necesaria para obtener la cuantía del premio, declarándose nulo en caso de no recibir ninguna contestación en quince días.
  • El premio tendrá una dotación de 120 € para el ganador del primer premio, 70 € para el ganador del segundo premio40 € para el ganador del tercer premio . Las obras galardonadas serán publicadas en el número correspondiente de AwA.
  • El hecho de presentarse a este concurso supone la aceptación plena de las presentes bases. El incumplimiento de las bases y/o la acumulación de errores ortográficos/gramaticales podrán suponer motivo de descalificación.

Memoria de ojos azules (3er Premio del IIIer Concurso de Relato Corto AwA-Kilowatio)

3er PREMIO DEL IIIer Concurso de Relato Corto AwA-Kilowatio

El viejo café de la esquina es precisamente eso, un viejo café situado en una esquina de Madrid, al final de una estrecha y oscura calle con varios portales a pisos pequeños, con un rótulo lleno de polvo en el que se lee “ Café Euterpe” en un color que algún día fue rojo. Es un café en el que aún huele a tabaco negro y a blues, aunque hace años que nadie toca un acorde dentro. El dueño y único camarero, un hombre de unos sesenta años, te cuenta orgulloso cómo hace años, cuando la música la componían corazones, el café se llenaba de gente a escuchar música en directo con un café o una cerveza en la mano. Pero ya no, lo único que queda de eso es una pared llena de fotos en tonos sepia de algunos de los músicos que pasaron por allí. Las oscuras mesas metálicas languidecen pegadas a las paredes y las sillas negras de madera empiezan a perder el color. Pero el Café Euterpe no cierra. Y es ahí donde cierta alma viajante llega a su punto de inflexión.

Nacho es cliente asiduo del café. Veinte años, dejó de estudiar una carrera que no le llenaba para dedicarse a la música. Armado con una Strat de segunda mano, se fue de casa de sus padres a buscarse la vida como pudiera hasta que lo de componer funcionase. No funcionaba. Vivía de hacer chapuzas en uno de esos pequeños pisos cercanos al café, y cuando no trabajaba o intentaba componer algo, iba al Euterpe a tomarse una cerveza negra a despejar sus ideas. Y pasaba mucho tiempo despejando ideas. Casi todas las noches se le podía ver sentado en una mesa cercana a la barra, mirando fijamente su vaso, como si la respuesta a todos sus problemas se encontrara más allá del cristal, en otro plano que él no llegaba a ver.

La noche en que su vida cambió era una noche común, nublada y fría de diciembre. Nacho entró en el Euterpe saludando al dueño mientras se quitaba su chaqueta de cuero (otra de las escasas cosas de su propiedad que valoraba de verdad) y echaba un vistazo al viejo lugar. Dejó la chaqueta en su mesa y recogió la cerveza que el camarero ya le había servido sin que dijera nada. Asintió agradecido, se sentó y dio un largo trago. Después se quedó mirando fijamente sus manos, intentando sacar algún orden coherente a las notas que flotaban en su cabeza, afanándose por componer algo en su mente que mereciera la pena por una vez en su vida.

Tan concentrado estaba que no vio llegar a la chica. No era muy alta, vestía de cuero, muy heavy, y su pelo negro le llegaba por debajo de los hombros. Sus labios eran gruesos pero suaves y sus pestañas largas como un vibrato. Saludó con un gesto al camarero y se sentó en la barra. Tardó unos segundos en fijarse en Nacho, que seguía absorto en sus pensamientos. Pidió una cerveza, rubia, y cuando la tuvo entre las manos, se dirigió a la mesa donde estaba Nacho y se sentó sin decir palabra. Nacho levantó la vista despacio hasta cruzarla con la de ella y sintió una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo. Los ojos de aquella chica eran azul hielo, penetrantes como una aguja de cristal, pero a la vez tranquilos y agradables. A Nacho se le había secado la garganta, de modo que dio un trago a su cerveza antes de hablar:

– Eh… Hola

– Hola, ¿ qué tal?- respondió ella esbozando una sonrisa que dejó ver unos dientes blancos y perfectos. Nacho se perdió durante un segundo en esa sonrisa de labios sensuales y cuando volvió en sí buscó en su mente las palabras que se habían escapado de su vocabulario.

– Ah, eh, bien, gracias. ¿ Y tú? Me llamo Nacho.

– Eva. Espero que no te importe que me siente aquí, pero ya que somos las dos únicas personas aquí aparte de Martín, creo que no estaría mal charlar un rato. – Eva dio un pequeño sorbo a su vaso mientras clavaba su mirada en Nacho.

-¿Martín? Qu…- Nacho pasó la vista por el café hasta ver al dueño y se sintió estúpido-Ah, sí. Supongo que sí.

– Eres músico.- No era una pregunta. De hecho, parecía una sentencia.

– Lo intento, a decir verdad. – respondió él.- Eso pretendía ser cuando me fui de casa, pero la realidad me ha abofeteado bien.

-¿Por qué dices eso? – preguntó Eva bebiendo de nuevo.- ¿No tienes donde tocar? ¿ O andas falto de ideas?

-Lo segundo. Lo cierto es que no soy capaz de componer absolutamente nada, Eva.- Nacho se preguntaba qué hacía contándole aquello a esa chica que no conocía de nada, pero su mirada lo tenía hechizado.- Me paso mis días trabajando y mirando mis pentagramas en blanco esperando una iluminación que nunca llega. Y cuando no puedo más, vengo aquí a despejarme. Vivo frustrado por mis limitaciones, ¿sabes?

-Creo que sé lo que quieres decir. He conocido a varias personas parecidas a ti.- Asintió ella, grave. Se apartó con suavidad un mechón azabache que le había caído sobre la cara y se inclinó sobre la mesa.- ¿ Y por qué esa obsesión por componer? ¿Por qué te empeñas en crear cuando puedes ganarte la vida versionando otras composiciones? Sería una forma igualmente buena de ganarte la vida con la música.

Nacho miró su cerveza, intentando encontrar la respuesta entre la espuma que poco a poco desaparecía en la negrura del vaso.

– No se trata de vivir de ello.- Dijo finalmente – Podría seguir viviendo de las chapuzas o de cualquier empleo de mierda que me surgiera y seguiría intentando componer. No, no se trata de vivir de ello. – levantó la mirada hasta mirar los ojos helados de Eva que lo observaban, expectantes. – Se trata de que no quiero mirarme las manos un día- continuó mientras lo hacía con los ojos muy abiertos, como si la idea le aterrara- y sentir que voy a desaparecer sin más. Abandonaré este mundo y quizá un par de meses tras mi poco concurrido funeral por fin la gente me olvide. El tiempo borrará mi rastro sin que ello le suponga ningún esfuerzo.

Se quedó callado mirando fijamente sus manos. De la sensual boca de ella no salió una palabra. Eva tan sólo observaba. Tras unos segundos que parecieron horas, Nacho apretó los puños y miró sus nudillos. Esbozó una mueca que podría tomarse como una sonrisa y dijo, como para sí:

– Quiero dejar algo en herencia al mundo. No quiero ver mi vida reducida a un mero camino a la muerte, Eva. Quiero crear algo para el mundo, que la gente escuche lo que he compuesto para ellos y me recuerden con el cariño con el que se piensa en quien te ha hecho un regalo. No se trata de dinero o fama. Se trata de llegar a todo el mundo de la única forma que me es posible. Con mi corazón, mis manos y seis cuerdas.

Eva meditó durante un par de minutos dando pequeños sorbos a su cerveza, y después preguntó otra cosa. Y luego, otra. Y otra. Ella preguntaba y él contestaba a todo. Nacho descubrió que le era muy fácil hablar con aquella extraña chica de pelo nocturno, ojos helados y labios de soul. Pidieron más cerveza y, cuando Martín les dijo que iba a cerrar, decidieron seguir la conversación en el piso de Nacho. Entraron en el diminuto piso, que apenas tenía cocina, baño, una pequeña sala y una habitación y entraron en esta última a seguir hablando. Lo único que había en la habitación era una cama, una ventana, una guitarra apoyada en la pared y una mesa a punto de romperse sobre la que había un gran montón de hojas llenas de pentagramas, letras y garabatos de frustración. Completaban el decorado un armario minúsculo y una bombilla que colgaba del techo milagrosamente sujetada por un par de cables.

La conversación se prolongó durante varias horas, tras la ventana sólo se veía la luz reflejada por la luna. Pero Eva y Nacho hablaban, ella preguntaba y él contestaba. De vez en cuando, uno de los dos bromeaba y seguía el batallón de preguntas. Fueron acercándose poco a poco, hablando cada vez más bajo hasta que las preguntas y respuestas se las hacían en susurros. La tenue luz de la bombilla iluminaba sus rostros, casi pegados y conectados por la mirada oscura de él y la mirada helada y profunda de ella. Una mano tímida se alzó, una caricia suave seguida por otra. Susurros que se apagan para dejar paso a dos respiraciones cada vez más alteradas. Un beso con sabor a jazz y a guitarra solista. Otro beso, seguido de más caricias. Nacho le quitó la ropa a Eva mientras su boca buscaba la de ella y sus cuerpos se apretaban el uno contra el otro. Las caricias de Eva eran suaves pero intensas, con un efecto mucho más allá de lo físico.

Nacho apagó la luz y observó la figura desnuda de Eva recortada contra la tímida luz de la luna. Parecía casi sobrenatural, su pelo negro brillaba y Nacho estaba seguro de que podía ver el azul hielo de sus ojos clavados en él. Se tumbaron en el triste colchón del músico, presa de una fuerza salvaje y todo fueron sensaciones. En la mente de Nacho se confundían las imágenes de Eva desnuda sobre y bajo él, sus palabras suaves susurradas al oído y sus labios con sensaciones más allá del sexo. Un saxo en éxtasis, un piano desbocado mientras una guitarra gime acompasada con Eva. Percusión en los oídos de Nacho, una voz de mujer sensual cantando sobre el amor tras una cortina de humo. Una armónica acariciando las curvas de ella, más guitarras haciendo el amor a Eva. Cercano al orgasmo, el interior de Nacho es un mar embravecido. El crescendo del blues en sus venas no cesa y cuando termina, abrazado a Eva y con la cara enterrada en su pelo, las guitarras, el saxo, el piano, la armónica y la percusión se funden en una gigantesca explosión que nubla por completo la mente Nacho, que pierde el sentido. Lo último que ve, antes de que su vista se llene de lucecitas, son dos ojos azul hielo mirándole el alma y el corazón.

Por la mañana, se despierta sobresaltado. Cuando comprende lo que acaba de vivir, se gira en busca de Eva. No está. En su lugar, un montón de papeles descansan sobre la cama. Cuando Nacho los mira, se reconoce a sí mismo en las partituras. Echa un vistazo a la habitación: El suelo, la mesa, la cama las paredes, todo está lleno de pentagramas hechos toscamente a bolígrafo. Y en su cabeza escucha cada nota y todas encajan con la suavidad con la que limpia la caja de una guitarra. Nacho no comprende absolutamente nada y busca a Eva en la cocina, en el baño, en la sala. Ella no está. Busca una carta de despedida, algún signo de que pudiera haberse marchado mientras él dormía, pero no ve nada. Abatido, como cada mañana, se mira las manos. Llenas hasta las muñecas de tinta. Y no recuerda haberse puesto los pantalones. Ni haber hecho la cama tras deshacerla con Eva. Y, por alguna extraña razón, las yemas de los dedos de su mano izquierda sangran. Nacho vuelve a su habitación, llena de composiciones y mira su guitarra. El mástil tiene gotas de sangre seca y a la guitarra se le han roto dos cuerdas. Piensa en dos ojos azules y en el Café Euterpe. Y, sonriendo, empieza a pasar a limpio sus obras.

Howl

Los versos que me acercan a ti (2º Premio del IIIer Concurso de Relato Corto AwA-Kilowatio)

2º PREMIO DEL IIIer Concurso de Relato Corto AwA-Kilowatio

Londres no era una ciudad para poetas. Mi padre solía decir que la humedad emborronaba la tinta y estropeaba el papel, y que las señoritas encontraban incómodo pararse bajo la lluvia a escuchar unos versos sencillos. Por lo menos la mayoría.

Él me dijo que ser poeta era el eufemismo con el que los perdedores que se dedicaban a escribir se denominaban así mismos. Sé que mi padre hubiera estado orgulloso de ver al gran perdedor en el que me había convertido: los padres siempre quieren ver en sus hijos una imagen de ellos mismos.

Vivía en el ático de un viejo edificio de madera del centro de la ciudad. El siglo XIX era tedioso, el Támesis cada día estaba más envenenado y la compañía de teatro a la que le escribía guiones cada vez tenía menos público. Esperaba con ansiedad el día en el que me dijeran que se marchaban de la ciudad: ni por mil libras hubiera abandonado Londres… y eso me dejaría sin ingresos.

Londres. No eran sus fachadas grises ni el sol tímido enamorado de la niebla lo que me retenía en el lugar en el que nací. Eran sus tesoros.

La primera vez que oí hablar del primer tesoro fue a la mañana siguiente de la muerte de mi madre. Yo era muy joven, y desde que ella cayera enferma mis ganas de vivir parecían esfumarse al mismo ritmo que sus fuerzas para luchar contra las fiebres. Aquél día fue soleado, triste ironía de la vida.

Caminaba al lado de mi padre de vuelta a casa el día de su entierro. Las lágrimas me empañaban los ojos y no veía ni mis propios pies. Nos cruzamos con un hombre al que mi padre saludó. Yo no le conocía de nada, pero empezaron a hablar. Al principio no hice mucho caso a la conversación hasta que oí a mi padre decir una cosa…

-… Si bueno, ya sabes lo que dicen por ahí, la suerte está para quien la encuentra. Lo cierto es que encontrar el tesoro sería magnífico. Pero claro… ¡Habría que ser muy valiente para intentar buscarlo! … Entrar en el cementerio

Eso pareció sacarme parcialmente de mi tristeza. Una vez en casa comencé a interrogar a mi padre sobre el asunto del tesoro. Le pedí que lo buscáramos y él se reía.

No es dinero, son documentos… documentos importantes. – Amagaba una sonrisa mientras terminaba de cenar.

Con el tiempo, esos documentos tan valiosos dejaron de tener importancia en mi mente y quedaron perdidos en el fondo del baúl, a la espera de volver a ser encontrados.

El año en que murió mi madre yo tenía quince años y una palabra que me rondaba la mente sin descanso ni fin. No era una palabra, era un nombre. Era el nombre del otro tesoro de Londres: Cassandra.

Eran esas nueve letras las que llenaban versos y versos de mis poemas. Podía decir que sus manos eran suaves como la mejilla de un bebé y que sus ojos eran tan azules que podías nadar en ellos, pero nada sería cierto. Cassandra era mucho más de lo que las palabras podían expresar. No existían metáforas hechas a su medida.

Aún recuerdo sus ojos sobre los míos por primera vez.

Yo tenía trece años, ella doce. La iglesia del barrio había realizado una colecta entre los vecinos con el objetivo de celebrar la Navidad todos juntos, y que así ninguna familia se quedara sin el calor de una chimenea en ese día.

La niña se sentó a mi lado durante la reunión. A mi derecha. Tuve dolor de cuello durante una semana por la tensión de mirar justo al lado contrario.

Mi padre me preguntó en varias ocasiones que por qué le estaba mirando a él. Al salir de la parroquia se lo dije. Él no pudo parar de sonreír durante varias horas. Incluso días después se le escapaba alguna risita.

Descubrí que era la única hija del nuevo dueño de la taberna. Decidí pasearme por allí de vez en cuando. Siempre pedía cerveza inglesa, y como no me gustaba su amargor la bebía a grandes tragos, y entre trago y trago inspeccionaba alrededor por si veía a la niña de los ojos azules.

Mis posibilidades de hablar con ella eran nulas. Pocas veces Cassandra estaba en la taberna, y si por algún casual la veía, ella observaba a la clientela desde detrás de la barra con aspecto aburrido. Si nuestras miradas se cruzaban ella la apartaba más rápido que yo.

Mi familia no tenía dinero. Mi familia no tenía un negocio. Mi padre repartía periódicos y hacía muebles baratos. Yo nunca estaría con ella. Y así se lo dije a mi padre. Él me miró con seriedad pero no dijo nada: creo que me comprendía.

Tres años después de la muerte de mi madre mi padre también falleció. Los médicos dijeron que había sido por intoxicación debido a los productos químicos que utilizaban los trabajadores para teñir las telas de la fábrica en la que había conseguido trabajo unos meses atrás.

Estaba solo en medio de una ciudad que no comprendía mis aspiraciones, de una sociedad que me apartaba de mis sueños y de un destino que me separaba trágicamente de mis seres queridos. Necesitaba encontrar el tesoro de Londres.

El tesoro de Londres estaba en el cementerio y no sabía exactamente dónde. La cuestión era que precisamente por estar en el cementerio la labor de búsqueda era mucho más complicada. ¿Estaría enterrado en la tierra? ¿Estaba dentro de alguna tumba? ¿O quizás escondido bajo alguna losa de algún panteón familiar marmóreo? Decidí buscar información en los libros.

En la Biblioteca de Londres había cientos de ejemplares que hablaban sobre los tesoros de Londres. Metafóricamente, claro. Sólo encontré una veintena de ejemplares que hicieran insinuaciones sobre un hipotético tesoro escondido bajo los antiguos túneles que recorrían la ciudad. Ninguno situaba ningún tesoro en el cementerio.

El día en el que me tendría que marchar de la ciudad se acercaba. Era marcharme con el grupo de teatro a probar suerte a otra ciudad, buscarme otro grupo de teatro o alguien a quien le interesaran mis historias, o empezar a trabajar en alguna fábrica: se necesitaba mano de obra para trabajo precario. Marcharme de la ciudad era renunciar a Cassandra. Podía vivir cerca de ella sabiendo que nunca la iba a tener, pero al menos mis esperanzas, firmes pilares en los que se asentaban mis sueños, seguirían intactas.

Empecé a visitar con frecuencia la tumba de mis padres. Era tonto, pero me hacía sentir reconfortado: creía firmemente que ellos me escuchaban.

En una de mis visitas descubrí lo que cambió mi vida.

Llovía, y el suelo estaba embarrado. Curiosas casualidades de la vida, el destino quiso que me resbalara al acercarme. Había caminado con cuidado, pero aun así el terreno cedió y metí el pie en un enorme charco. Caí de culo cuan largo era.

Había destrozado uno de los tres trajes que tenía. Enfadado, di un fortísima patada al barro que había al lado del charco, y mi pie chocó contra algo duro.

Intrigado, cavé con las manos y saqué una caja de metal. Estaba cerrada con llave, pero la reconocí al instante: durante años había estado guardada en armario de las sábanas limpias. Pertenecía a mi madre.

Sintiéndome como un ladrón, cogí la caja y me la llevé a mi diminuto ático de madera. No me costó ningún esfuerzo abrir el pequeño candado de metal oxidado.

Debo reconocer que me sentía dividido: no sabía si era correcto indagar en esas cosas después de tantos años, pero por otro lado, estaba completamente seguro que ése era el “tesoro del cementerio” que tantos desvelos me había causado. Mi padre quiso que yo lo encontrara, a pesar de que ésa caja era el mayor tesoro de mi madre.

La caja tenía un paquete envuelto en telas. Lo desenvolví con cuidado. Al sacarlo cayó un pequeño papel al suelo. Lo recogí y lo leí.

Querida Anne:

Dudo que jamás sea capaz de hablarte,

así que déjame escribirte.

Te quiero

Alexander

Cuando vi el paquete pensé que eran cartas. No, no eran cartas, eran un puñado de secretos. Los secretos de mi padre y de mi madre.

Las leí todas. Me sentí como un intruso, reviviendo recuerdos que no eran los míos. Algunas cartas tenían la tinta corrida: mi madre había llorado al leerla. En otras la letra era irregular: el tembloroso pulso de mi padre al escribirlas.

Eran años de amor a escondidas, cuando mi padre era un poeta perdedor al que le fallaban las rimas cuando el corazón saltaba desbocado en su pecho, y mi madre la hija de un tendero que vivía al otro lado de la ciudad, cuando las miradas sobrepasaban los límites de la decencia y saltaban el Támesis, sobrevolaban las chimeneas y se depositaban en los labios como tiernas caricias.

Ya sabía que nunca me iría de Londres. No sin mi chica de los ojos azules.

Y no dudaría en escribir un millón de versos, uno por cada beso que aún no le había dado, si pudiera recordar para siempre en mi mente su mirada al decirme que me quería.

Londres no era una ciudad para poetas, pero para mí siempre lo sería.

The Forgotten

Andanzas de un cazador al óleo (1er Premio del IIIer Concurso de Relato Corto AwA-Kilowatio)

1er PREMIO DEL IIIer Concurso de Relato Corto AwA-Kilowatio

No es que haya viajado mucho en mi vida, pero sí que he conocido a muchas personas. Sobre todo, he oído muchas conversaciones, aunque en ninguna fui interlocutor. Mi vida transcurre entre cuatro piezas de madera no demasiado ornamentadas y una gran escena de cacería sobre lienzo. Podría decir que mi mundo es una ventana hierática, a través de la cual ves una realidad construida e inamovible: Soy uno de los cazadores de un cuadrado. El par de perros que sujeto no son demasiado parlanchines, y pocas veces les he oído ladrar. Tampoco mis compañeros de cacería son muy simpáticos, de hecho están más ocupados en mirar al pato que escapa y a la liebre que salta. Ellos nacieron para ello. Sin embargo, a mí me hicieron distinto, y observo (y escucho, me dibujaron con pequeñas pero agudas orejas) a los que miran desde el otro lado del cuadro.

Mi más tierna infancia discurrió en un taller de Holanda. Recuerdo el olor de los barnices, de la madera, del sudor de los aprendices del maestro. Él me miró un par de veces, y sé que las montañas y el primer boceto a carboncillo lo hizo él. Sinceramente no me agradaba mucho. Era gruñón, un poco maniático con los colores. Siempre empeñado en cubrir como de musgo todo. Mi verdadero creador fue un jovencito que estaba aprendiendo la anatomía humana y sus múltiples posturas. No me he aventurado más allá de mi pequeña parcela del bosque, pero estoy seguro de que a mí me tuvo cariño. No me dibujó con una postura que cansara, algo que le agradezco eternamente. Y lo más importante, hizo que mis ojos miraran al que está “más allá”, aquellos humanos que no son del cuadro. Soy pequeño y estoy entre ramajes, así que supongo que fui una mera travesura. Fui de lo último en hacerse en el cuadro, y hasta muy al final no tuve ojos, pues esos detalles se postergaban. Lo primero que fui fue una mancha inarticulada de color amarillo claro.

Más adelante fui comprado por un hombre de negocios de la pequeña burguesía de Amberes. Quería un cuadro para su salón de recepción que no resaltara demasiado con el inmobiliario. Supongo que un tema de caza era algo elegante y masculino, y no tan presuntuoso como un retrato familiar o uno de esos bodegones llenos de fruta, plata y patos abiertos por el vientre, que os aseguro son presuntuosos y se creen más de lo que son. Podría decirse que mi dueño era austero dentro de la vida que había que llevar en aquel tiempo. Muchos pasaron por el salón, y muchas conversaciones oí al lado del fuego. Algunas eran cordiales y cálidas, como las del señor y sus amigos. Otras fueron curiosas y secretas, como las de su hija y el hijo del mayordomo. Algunas fueron bastante maleducadas, como las de un tipo lleno de pieles y horrendas calzas aterciopeladas que vino a insultar la casa y de hecho decir que mi cuadro era “mediocre hasta para una sala ya pobre”. Como veis, a lo largo de los años comencé a entender la naturaleza humana. Descubrí que tenían momentos tiernos y de naturaleza noble, como los que compartían el señor y su esposa, dama un tanto nerviosa pero de buen corazón.

Más adelante comprendí, con pena, que las personas no tardan en olvidar a los que antes querían si les conviene hacerlo. Los nietos de mi primer comprador decidieron apartarme del salón, muy a pesar de su abuela, y me vendieron. Así comenzó una temporada penosa de mi vida, en la que fui encerrado en un húmedo sótano en el que perecieron por hongos algunos de los otros cazadores. Fui olvidado largo tiempo y conocí seres de otro tipo de cuatro patas y de chillidos agudos y amenazadores en la oscuridad. Yo ya era adulto, pero el miedo de cualquier pintura a la desaparición se apoderó de mí. Finalmente, y tras varias casas no muy amables (pero sin asquerosos sótanos) hice largos viajes. Estuve enrollado bruscamente y llegué a un lugar más o menos acogedor. Tuve que aprender otro idioma pero valió la pena pues el hogar era mucho más interesante. No tenía demasiado cariño a mis dueños nuevos, que eran algo escandalosos y les gustaba demasiado alardear de lo que no tenían (sé de buena tinta que pasaban hambre a menudo pero a los invitados les ponían pavo asado en bandejas de porcelana china). Sin embargo, escuchaban atentamente un aparato de aspecto rudo que hablaba y hablaba sin parar, con cientos de voces distintas. Contaba cuentos, decía noticias del mundo más allá de la habitación y que yo sólo conocía parcialmente, cantaba triste y gritaba de alegría. Era un personaje, la verdad. Asustaba al principio su histeria, su esquizofrenia aguda, y no daba mucha confianza porque tan pronto tenía una opinión como otra contraria, a veces pronunciada por la misma voz. Pero me abrió toda una tierra desconocida de sonidos, de olores, de paisajes y de sueños que jamás he sentido, ni oído, ni visto, pero imagino con pasión y admiración.

Un día los dueños estaban realmente agitados. Hacían maletas, tiraban libros, y callaban y apagaban la radio cuando venían los niños. Escuché entre susurros que había una guerra. Sin duda, lo que más miedo daba de la guerra (algo que nunca había vivido ni sabía qué pasaba en ella) era la inquietud de la gente, los gritos de la radio, los militares que entraban por la puerta y aseguraban que a mi familia nada les iba a pasar por su noble origen, pero que mejor se fueran un tiempo de la casa. Esos hombres eran amenazantes, como máquinas espantosas, y también lo eran los que tiraban piedras y rompieron los vidrios de la terraza y querían justicia para la clase obrera. Los dueños partieron con sus dos hijos pequeños y maletas de ropa y no los volví a ver.

Mi vida fue muy extraña esa temporada. Fui olvidado junto a varias porcelanas cursis que no hablaban ninguno de mis dos idiomas, y una alfombra anciana y llena de polvo que no dejaba de toser porque tenía asma. Por el salón pasaron hombres sucios muy enfadados, que desmontaron la araña del techo y se la llevaron. Varias parejas con muchos niños se metieron en la casa e hicieron una hoguera que por poco hace que nos ahogáramos todos. Estuve mucho tiempo de color oscuro, casi invisible. Pero no les guardo rencor. Se les veía temblorosos y asustados. Los niños no dejaban de llorar y los padres tenían una cara alargada y huesuda, pero ante todo una mirada que no olvidaré, y eso que he visto muchas. Escuché ruidos como truenos que anticipaban gritos de pavor y llantos, y también una lluvia de sonidos escalofriantes y metálicos que preconizaba la caída de un cuerpo que profería alaridos unos segundos antes. Después de un tiempo, había una quietud alrededor como de tumba, como la sensación que da el conejo que uno de mis compañeros agarra de las patas y posee unos ojos opacos y fijos. Pensé que todo había acabado para mí, pero una noche una señora muy delgada y vestida de negro entró con una vela y me echó el ojo con el ceño fruncido. Al día siguiente, varios individuos vestidos de traje y con libros y papeles en las manos estudiaron el cuadro de arriba abajo, midieron y limpiaron un poco con un pañuelo la superficie, y unas horas después y tras darle a la señora unas monedas que le provocaron una desdentada sonrisa, fui llevado a otro lugar.

No negaré que fue un importante cambio para mí. El nuevo lugar me encanta y llevo muchos años de tranquila felicidad, sin sobresaltos. No es que el mío sea un cuadro muy importante pero eso me gusta. Sé muy bien que algunos viven acosados durante todo el día por todo tipo de gente que les molesta con fogonazos de luz y que tienen unos ánimos muy subiditos. Los compañeros de sala no son muy sociables pero nos hacemos compañía, como las parejas de ancianos que pasan ante nosotros. Puedo alardear de que por delante de mí han andado personajes destacados y que incluso una vez un Papa me miró de reojo antes de ir a ver la famosa sala del tal Rafael, que se ve que vive un poco más allá de mi pasillo. He visto a mucha, mucha gente, que no siempre me ha visto a mí. Los que más se detienen en los prados de mi cuadro, en los perros, caballos y hombres barbudos y abrigados, son los niños. Señalan con ojos muy abiertos y hacen sonidos de animales, antes de que sus padres digan venga cariño o venga cielo, que no tenemos mucho tiempo y quiero enseñarte los que tienes que conocer. A pesar de este trato de indiferencia por la mayoría, lo que a mí más me llenan de alegría son los jóvenes que vienen y describen a otros, no siempre en idiomas que comprenda, cómo es mi mundo, por qué es así, por qué en verdad es hermoso en su digna humildad. No descubren mi persona muy a menudo, pero siempre arranco una sonrisa, o una graciosa expresión de sorpresa cuando nuestras miradas se encuentran. Y es que he comprendido que uno nunca deja de sorprenderse con el mundo que le rodea, siempre que esté dispuesto a descubrir.

P. Holmes

Semana Cultural 2013: Harlem Shake

Última de nuestras actividades en esta semana cultural y con diferencia la más multitudinaria. Fue una actividad con muchas dudas y temores desde el comienzo.

Veréis, en esta escuela hay zonas que han de mantenerse en su estado original y por lo tanto las actividades que ahí se pueden realizar están muy restringidas. Como habréis podido imaginar la Sala de la Máquina es una de esas zonas.

Es por ello del origen de nuestras dudas y temores. Como para muestra un botón, si estuvisteis observando en la rotonda sabéis de lo que hablo.

Tras conseguir al valiente caballero, gracias, que diera inicio a todo esto y numerosas indicaciones se grabaron las tomas necesarias.

Unas horas de trabajo después, el video que probablemente muchos ya hayáis visto, nació. Si por cualquier motivo todavía no lo habéis visto podéis buscarlo en youtube.com (‘Harlem Shake ETSII’).

No puedo terminar sin dar las gracias a todos los asistentes y miembros de esta humilde revista que hicieron esta actividad posible.

Semana Cultural 2013: Comentario de Poemas

Empezó francamente mal, siendo sólo tres personas me dieron ganas de cancelar el asunto y volver a huir con el rabo entre las piernas. Por suerte Alexitímico y Pi me dijeron que para qué. Que ya que estábamos en la F7 en amor y compañía bien podíamos hacer algo. Me tendieron la trampa de decir que no tenían nada para leer o compartir y me tocó abrir con algunos poemas míos.

Mas tarde empezamos a debatir sobre si los poemas debían de ser de unas maneras u otras y entonces nos pusimos a hablar de poemas cortos y el buen sabor de boca que podían dejar.

“Si no quieres quedarte a mirar la tormenta

yo la miro por ti.”

Juan Antonio Gonzalez-Iglesias

Después de hacerme exponer algunos otros poemas míos y hablar sobre feminismo y feminismo encubierto ambos sacaron la artillería y me asediaron con ella. Pi leyó algunos versos suyos:

“Sin Solución.

Pasan los días

Efímeros, salvajes.

Y en la ventana ya es Navidad.

Vive corriendo

Lo que no cojas al vuelo,

Morirá.”

Pi

Y Alexitímico nos habló de idiomas:

“MOT

Je ne suis pas une femme

Yo no estoy enferma

Je suis désolé

Yo soy de sol

La faim

La hembra

Est sombre

Es hombre”

Eba Reiro

Vino R y se fue y tras hablar del proceso creativo y las antecitas (término inventado) a los poemas decidimos retirarnos a comer con muy buena sensación y habiendo hablado mucho. He pasado una etapa en la que evalúo cosas de mi vida por su capacidad para generar poemas… Esta fue una buena mañana:

“No hace falta

10 jugadores de fútbol.

Unas pocas personas bastan

para disfrutar con el arte.”

El Olvidado

Quiero agradeceros los ánimos y las buenas sensaciones a los que pasasteis ese rato conmigo.

Semana Cultural 2013: Fiesta Cultural

Lunes. Y no solo de exámenes. Lunes que da comienzo a la Semana Cultural, y qué mejor inauguración que juntando unos cuantos pares de ojos brillantes para compartir música, poesía, vídeos y risas.  Tras  una  breve presentación de lo que iba a acontecer por El Olvidado, la Tuna nos robó la poca timidez que nos quedaba a cambio de un par de temas y alguna que otra broma. A eso le siguieron dos cortos de Pixar para trasladarnos tiempo atrás en la memoria y dejarnos con la miel en los labios. El Olvidado compartió con nosotros dos poemas suyos que escuchamos expectantes, y yo le seguí con nervios, timidez y un texto -triste-. También disfrutamos de un pequeño acústico de Cable Line, con dos guitarras y muchas palmas, y volvimos a estar en la cresta de la ola. Cualquiera diría que salíamos del Club de los Poetas Muertos en el siglo XXI, o de un garito de mala muerte donde entre cervezas se crea arte, pero sin club, ni poetas muertos, ni alcohol. Cuando ya parecía que se hacía de noche y la Fiesta Cultural iba a llegar a su fin, un   anónimo decidió subir al estrado para leer uno de sus poemas favoritos: La poesía es un arma cargada de futuro, de Gabriel Celaya. Así y con todo, dimos por terminada una tarde más que divertida. Fue bonito volver a creer en la magia, y que me perdone el Cielo, pero aquí, rodeados de máquinas y números, no siempre es fácil.

IIIº Concurso de relato corto conjunto AWA y ACEII-Kilowatio 2012-2013

Tercera edición del concurso de relatos que convocamos aliados ACEII-Kilowatio y la revista cultural AWA-ETSII: 

IIIº Concurso de relato corto conjunto AWA y ACEII-Kilowatio
IIIº Concurso de relato corto conjunto AWA y ACEII-Kilowatio

Bases

-En el presente concurso podrán participar todas aquellas personas que estén matriculadas en cualquiera de las titulaciones (licenciaturas, grados, segundos ciclos, másteres, etc.) ofertados por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales Madrid, así como cualquier miembro del personal docente o el personal auxiliar PAS adscrito a dicho centro.

De forma excepcional se va a permitir la participación de antiguos alumnos de la escuela. Consideramos que si se han enterado del concurso es porque aún mantienen una vinculación importante con el centro y su revista.

El plazo de envío de los relatos finaliza a las 23:59h (hora peninsular) del Domingo 5 de mayo de 2013.

– Los relatos SOLO se podrán mandar por correo electrónico, a la dirección: concurso.etsii.kw.awa@gmail.com con el asunto CONCURSO-RELATO.


En el mail irán adjuntos DOS archivos; uno será el relato en sí y en el otro archivo constarán los datos del concursante. En el nombre de los dos archivos figurarán tanto el título como el pseudónimo del concursante.

Ejemplo: Archivo de datos: “Título”_“pseudónimo”_DATOS

Archivo del relato: “Título”_”pseudónimo”_RELATO

El relato deberá ir firmado con pseudónimo. Se empleará el tipo de letra Times New Roman, tamaño 12 con interlineado doble para el cuerpo del texto. Este no deberá sobrepasar en extensión las 5 páginas.

En el archivo de datos, constarán nombre y apellidos del autor, así como el correo electrónico y el número de teléfono de contacto. En caso de ser alumnos, deberá indicarse el número de matrícula y en los otros dos supuestos (docente o PAS), el autor deberá igualmente quedar claramente identificado como tal.

El encargado de la recepción de los mensajes NO será miembro del jurado, a efectos de garantizar en todo caso el anonimato de los remitentes.

Nota: Se mandará mail acusando recibo a cada participante.

-Solo se aceptará la presentación de un único relato por persona.

-El relato será de temática libre.

-El jurado estará constituido por dos miembros de la revista cultural AWA, dos de la asociación ACEII-Kilowatio y por Isabel Mendoza, directora de la biblioteca de escuela (solo en la segunda ronda de votación).

-Cualquier marca en el texto que identifique al autor de forma flagrante, podrá ser motivo de descalificación si el jurado lo considera pertinente.

-Si el jurado lo considera oportuno, la acumulación de errores gramaticales y/o ortográficos también podrá ser motivo de descalificación.

-El fallo del jurado será inapelable y se producirá antes de los exámenes de mayo/junio.

-Este curso tendrán premio los tres relatos que hayan obtenido una mayor puntuación por parte del jurado y recibirán la siguiente dotación económica (provisional, hasta confirmación por parte de dirección de alumnos y extensión universitaria):

• 1º Premio dotado con 140€

• 2º Premio dotado con 90€

• 3º Premio dotado con 50€

El premio será entregado en metálico por la sección de asuntos económicos de la escuela de ingenieros industriales.

El club de la locura (1er premio del IIº Concurso de Relatos AWA-KW)

Nos reuníamos el primer sábado de cada mes. La primera reunión se produjo hace cuatro años.

Era un día lluvioso, me metí corriendo en el portal de mi casa al volver del trabajo, y abrí el buzón. Era una carta sin remitente y sin sello.

“Ha sido seleccionado para formar parte de nuestro selecto club. Preséntese este sábado a las 22:00 en la dirección que recibirá en un próximo comunicado.”

El mensaje estaba escrito a máquina, no a ordenador, se notaba la huella debido a la presión que se ejerce cuando se golpea la tecla de una máquina de escribir. Tanto el sobre como la nota eran de un gramaje superior al normal. No recordaba haber enviado ninguna solicitud para pertenecer a algún club. Selecto o no.

Vivía solo, me preparé unos nuggets de pollo congelados. Encendí la televisión, nada, cambié de canal, nada, cambié de canal, nada, nada, nada…, apagué la televisión. Encendí el i-mac. Páginas de noticias, más noticias, más deportes, más porno. Al final una paja y a dormir.

Al día siguiente, al trabajo. Era miércoles. Saludé como todas las mañanas a mis compañeros. Como todas las mañanas a la hora del desayuno hablamos del fútbol, de la crisis económica, algo de política, y no sé por qué, salió un mito griego. Comí solo. Comí un sándwich en un local en el que todo era sano y natural. Volví al trabajo. Dos horas más delante del ordenador, no era porno, eran modelos matemáticos…métodos numéricos…elementos finitos. Acabé mi jornada. Me puse la chaqueta encima de mi bonita camisa, y volví empapando mis zapatos negros en cada charco que encontré camino de mi apartamento. Un autobús de línea me caló al pasar junto a mí.

Abrí el buzón. El mismo sobre, diferente nota. Una dirección, una recomendación y una contraseña.“Recomendación: venga en taxi. Password: Memento mori”

La contraseña era inquietante. Cierta pero inquietante. Cogí mi i-phone para compartir mis inquietudes con algún amigo. Agenda de teléfonos. Aitana, Alba, Alberto, Alejandra, Alejandro, Álvaro, Amparo, … Arrojé el teléfono contra una elegante estantería de Ikea. Me daba igual llamar a Aitana, Alba, Alberto o a su puta madre. Me daba igual llamar a cualquiera de los casi quinientos contactos de mi agenda táctil telefónica. Esperaría al viernes por la noche para contarlo con cuatro cubatas encima. Cuatro cubatas necesarios para poder seguir otra semana. Cuatro cubatas para poder seguir otro año, cuatro cubatas para poder vivir.

Era un privilegiado, mi psicólogo me lo decía, tenía un buen trabajo, tenía salud, era joven, no llegaba a los treinta años. Al parecer era una cuestión de actitud.

No encendí la televisión, encendí el i-mac. No vi páginas de noticias, no vi deportes, no vi porno. Busqué una página de contactos en mi ciudad, visita a domicilio. Latina, 20 años, francés, griego. Rumana, 18 años, tragando. Negra, grandes pechos, discreción. Rubia, ojos azules, depilado…

 Recompuse mi i-phone que había caído sobre una mesa lack, que es sueco y significa barniz. Llamé a una mulata de 19 años con gran experiencia que estaba especializada en griego y en francés además lo hacía tragando y con gran discreción, sin comas. Todavía no sabía si lo tenía depilado, trimmed o natural.

Media hora después llamaron a la puerta. Apareció una chica de unos veinte años, ojos negros, exceso de carmín rojo, olor a perfume barato, mojada y vestida como una puta. Como una puta de novela negra. A saber: medias de rejilla, corsé, tanga rojo con una apertura en la parte frontal, liga,…una puta.

–         Son 220 euros una hora 400 euros toda la noche por el culo y por el coño con condón la chupo sin condón y me lo trago ah también chupo el agujero del culo nada de sado me pagas antes de empezar– así, sin comas. Procesé la información.

–         De acuerdo, toma doscientos veinte euros.

Después de la hora me duché y lloré.

El jueves fue como el miércoles pero sin carta y sin puta. Sí que hubo noticias, sí hubo deportes, hasta una encuesta en la página de deportes. ¿Cree que hay liga? Resultados: Sí 59 %, No 41% .Resultado provisional pendiente de revisión de votos fraudulentos. Voté sí, no sigo la liga de fútbol, pero es peligroso ir en contra de las mayorías, más en una cuestión como ésta.

El viernes fue como el jueves pero por la noche se sale. Salí con cuatro compañeros de trabajo. Dos hombres y dos mujeres. Uno de ellos era de Recursos Humanos, lo que limitaba la conversación. El local era tranquilo. Estábamos sentados los cinco en una mesita. Se podía hablar a pesar de la música en directo de unos octogenarios que triunfaron en los ochenta. Esto me deprimió mucho. Me deprimió ver a unos tíos de más de cincuenta años con el pelo largo, grandes entradas, chupas de cuero, guitarras Fender y tatuajes en el pellejo de sus brazos.

 Pedí una copa. El de RRHH quería follarse a la analista de sistemas. No sé por qué razón pensó que bailar como un mandril y enumerar la lista de todos los grupos de los setenta, ochenta y noventa iba a ayudar a su propósito. Pedí otra copa. La directora de ventas y el responsable de marketing optaron por una conversación profunda sobre las causas de la crisis económica que derivó en una reflexión sobre la lucha de clases propuesta por Marx y Engels. Sobra decir que querían follar. Pedí otra copa. El de RRHH se abalanzó sobre su presa, ésta, con un movimiento ágil fruto de siglos de evolución, repelió el ataque. Ambos se disculparon mutuamente y tras unos momentos de tensión, ella se fue, alegando cansancio acumulado. Me pedí otra copa y el de RRHH, otra.

–         Es increíble como la sociedad occidental permite que en África…- oía de fondo a la responsable de ventas.

–         La culpa es de los medios, que con su…- replicaba el publicista.

Ambos acabaron en el mismo taxi, rumbo a casa de él o de ella. La conversación se la podían haber ahorrado, hubieran tenido más horas de sexo. El alcohol puede que fuese necesario, pero hubieran tenido mejor sexo sin él. También sobra decir lo que les importaban los miles de niños que mueren y mutilan en África. No conté nada de mi reunión del día siguiente, pero me tomé los cuatro cubatas.

El sábado me desperté temprano. Releí las dos cartas que había recibido. Me planteé si todo era una broma. No hice nada significativo durante el día, salvo tiempo, hice tiempo. Las doce, la una, las dos, …, las siete. A las ocho me fui a vestir, no sabía que ponerme. En el trabajo me obligaban a ir con traje. Opté por ponerme unos vaqueros desgastados, una camiseta y unas zapatillas. No era muy formal pero era como me sentía más cómodo, y en circunstancias hostiles, prefiero sentirme cómodo. A las 21:30 cogí un taxi que me dejó en mi destino a las 21:55.

Era una mansión sin construcciones alrededor. Estaba rodeada por unos jardines franqueados por una gran verja exterior. Al acercarme a la puerta, ésta se abrió automáticamente. Crucé el jardín y llamé al timbre de la puerta principal. Un hombre mayor con aspecto de mayordomo, sin mediar palabra, me hizo pasar. Tras recorrer varios pasillos llegamos a un salón, con seis sillas dispuestas en los laterales, y una en la pared de enfrente. Me indicó que me sentara en una de las laterales. Era el primero en llegar. En los siguientes cinco minutos llegaron tres mujeres y dos hombres que ocuparon las otras sillas laterales, todos alrededor de la treintena. Nos mirábamos con curiosidad, nerviosos. No hablamos.

A las 22:00 apareció un hombre de unos ochenta años. Se sentó en la silla que presidía la reunión. Vestía una especie de kimono blanco. Tosió y se llevó una pastilla a la boca.

–         ¿Cuál es la contraseña? – se dirigía a mí.

–         Memento mori – respondí.

–         Recuerda que morirás. Yo lo recuerdo a diario. Me queda poco tiempo de vida. Ustedes son jóvenes y no lo piensan. Pero la realidad es que todos viviréis unos cincuenta años más, setenta como mucho, y luego estaréis muertos. Y qué hacéis mientras tanto, perder el tiempo. Desperdiciar la vida en cosas que no os importan.  Siendo socialmente aceptables y huyendo de aquello que realmente queréis. ¡Tú!, ¿A quién llamarías por teléfono? – me gritó.

–         No sé – repasé mentalmente la agenda. Aitana, Alba, Alberto…

–         ¡A quien no te devuelve las llamadas! ¡Atrévete y llama! Si no, qué sentido tiene esto. Morirás huyendo de lo que te importa, de lo que te remueve por dentro.

El mayordomo apareció y me acercó un teléfono. Aquella fue la primera reunión del club de la locura. Cambió mi vida, cambió nuestra vida. El maestro murió hace un año. Nosotros vivimos.

por: Wallander


1812 (3er premio del IIº Concurso de Relatos AWA-KW)

Fui a visitarla varias veces a la residencia de ancianos donde acabaría sus días postrada en una silla de ruedas. En una de esas ocasiones me relató algo que le había pasado muchos años antes:

“Percibí otra vez ese aroma. Kouros, efebo griego. Decidí que se convertiría en mi siguiente pieza de caza”- empezó a recordar con ilusión en el rostro.

“Entiéndelo” -continuó- “Yo era rica, inmensamente rica”-dijo agitando una mano como si lo que acabara de decir fuera algo ordinario “y mi vida era terriblemente aburrida. Sólo tenía tres aficiones: la música, los perfumes masculinos y el sexo. Así que cuando ese día, saliendo del obrador con un paquete de pasteles en la mano, pasó por mi lado, lo pensé poco menos que un segundo y me decidí a seguirle. No era el método habitual ni el día programado pero no pude resistir la tentación del reto. Yo, como siempre, llevaba mi pelo rubio recogido y mis zapatos de tacón alto pero, en vez del traje negro que utilizaba para esas aventuras, iba enfundada en un sastre gris que realzaba mi esbelta figura. Me calé las gafas de sol y convine conmigo misma seguirle allá donde fuera. En el primer semáforo que paró, cerca de Gran Vía, me quedé algo rezagada para evitar que me viese. Ya tenía bastante experiencia en acechar presas así que no me fue difícil difuminarme entre la muchedumbre. En la siguiente manzana atisbé una papelera y tiré los pasteles, pues no los iba a necesitar para lo que me deparaba el destino.

Mientras le seguía rememoré cómo y cuándo había empezado mi juego. Para una adicta, como sería yo considerada si hubiera sabido alguien mis inclinaciones,  era relativamente sencillo encontrar sexo casual una noche en cualquier club; para una mujer de mis características era extremadamente fácil, irrisorio. Me di cuenta de que no me suponía ningún esfuerzo y, como consecuencia, no me proporcionaba placer alguno.

Yo buscaba algo más excitante, un reto, una aventura que volviese a hacer que El Mesías sonase en mi cabeza. Por eso uní dos de mis obsesiones, el perfume y el sexo, y me autoimpuse la disciplina de  acostarme sólo con hombres que usaran una determinada fragancia. Mi tercera afición se concretó de la siguiente forma: como prefería no conocer sus nombres les denominaba en mis listas según la música que hubiera tocado la orquesta de mi clítoris al llegar al orgasmo: así, algunos eran arias de Verdi, otros suites de Mozart, oberturas de Wagner… Hubo uno tan torpe con las manos  e inexperto con el pene, Gnossienne de Satie,  que si no hubiera sido por el perfume  habría sido bautizado como el Requiem de Brahms.

Durante mucho tiempo fue fiel a “hombres Farenheit” . Fue mi primer perfume, una escala perfecta de hojas de violeta, el pachuli y la bergamota. Tras dos años lo abandoné al darme cuenta de que lo llevaba mi vecino de enfrente, un tipo de lo más vulgar al que no tenía ninguna gana de follarme. Decepcionada de que Dior vendiera perfumes a gente tan ordinaria, decidí cambiar de aroma. Recuerdo la semana siguiente como los días más angustiosos de mi vida; me iba, desde la hora de apertura, a la sección de perfumería de unos grandes almacenes y pasaba todo el día buscando la fragancia perfecto, la armonía del pentagrama hecha colonia. La búsqueda sin resultado se convirtió en una obsesión que no me dejaba dormir ni comer. El jueves aún no lo había encontrado y sentía que el tiempo iba en mi contra. Mis ojeras llegaban hasta los pómulos, las tripas me rugían y estaba a punto de desquiciarme cuando cogí el frasco de  Kouros. El envase en sí no era muy atractivo pero cuando lo abrí mis neuronas volvieron a tararear El Mesías. Sí, era perfecto, una escala musical de laurel, artemisa y salvia con ligeros toques de canela. Era el olor más viril que había percibido en mi vida, olía a “macho en libertad”, a cópula en estado puro, a embestidas salvajes de dios griego. A partir de entonces me dediqué a buscar hombres Kouros. El modus operandi seguía siendo igual que anteriormente: dos veces en semana me ponía mi elegante sastre negro y me acercaba, entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde a algún barrio céntrico, a zonas de negocios donde se congregase gran cantidad de hombres. ¿Tipo de hombres? Cualquiera que usara Kouros con tres excepciones: lisiados, ancianos y menores.  Siempre seguí el mismo método: cuando su aroma hacía saltar El Mesías en mi cabeza, les seguía y les abordaba con alguna estupidez. Estuve con solteros, casados, viudos, nacionales, extranjeros.., no sabes la cantidad hombre que existen dispuestos a tener sexo a la hora del desayuno, el aperitivo o la siesta. Normalmente yo prefería ir a un hotel; así después del acto podía quedarme horas en esas sábanas inspirando su perfume hasta que mis alveolos estuvieran llenos y mi pituitaria inflamada.

Por eso en aquella ocasión fue distinto: no estaba preparado porque no era el día, fue la única vez que me salté mis propias reglas pero no pude obviarlo. Era moreno, alto, de hombros cargados y grandes manos. Recortado frente a la torre de Madrid parecía una postal. En el siguiente semáforo que nos cerró el paso le observé de abajo arriba: abrigo azul marino de buen paño y mejor hechura, la clásica bufanda de tartán y asomando por ella la nuca más hermosa que hubiesen visto mis ojos. Pequeños rizos negros le caían sobre una cerviz ligeramente curva, perfecta, esbelta. Mi vagina empezó a humedecerse con los primeros acordes de la “Obertura de 1812” y supe que ya era suya. Aceleré el paso varias veces pensando que le perdía; el Hombre 1812 andaba a grandes zancadas y a mí me costaba seguirle y, al mismo tiempo, mantenerme a una distancia prudencial de él. Además, y dada su tendencia cuasi suicida a atravesar calles con el semáforo en rojo, me vi esquivando coches, siendo insultada por los taxistas de media ciudad y salvándome por los pelos de ser atropellada por un autobús. Pero nada de ello me disuadió, ningún riesgo me haría cejar en mi empeño aunque me fuera la vida en ello; como un caballo en una carrera, como un naúfrago que intenta alcanzar la orilla sólo tenía una meta y la mía era no perder al Hombre 1812.

Enfilamos Serrano  y la persecución se hizo más complicada por la cantidad de gente que hacía las últimas compras para Navidad; familias con niños, parejas y hasta solitarios disimulando su condición entre la multitud llenaban las aceras. El Hombre 1812 no parecía interesado en la vida mundana; en tres manzanas sólo se paró ante una librería.

Veinte minutos más tarde los zapatos empezaron a rozarme los talones, especialmente el derecho, pero ni la ampolla más grande habría conseguido que dejara de seguirle. Su porte, su nuca y su olor habrían conseguido que le siguiera al fin del mundo subida en mis tacones. Era su sierva en la calle y sería su esclava en la cama.

Continué siguiéndole por toda la calle mientras mi talón derecho empezaba a sangrar, lo que interpreté como una señal de sacrificio y mi abnegación hacia él, y cuando llegamos a la esquina con Maldonado le perdí de vista. Tras el susto inicial me di cuenta de que había entrado en la iglesia de los jesuitas. Desde luego era un sitio algo irreverente para mi propósito pero tras dejar pasar tres minutos le seguí al interior del templo. Cuando entré me encontré sola frente a un Cristo crucificado. Me senté en un banco a esperar mientras simulaba que rezaba. Pocos minutos después vi el rostro de la nuca que había perseguido: frente despejada, francos ojos azules, nariz griega y una amplia boca. Más abajo se erguía amenazante un alzacuellos.”

¿Y qué pasó?-le pregunté yo al ver que se había detenido

“Lo que pasó se encuentra bajo secreto de confesión”- me contestó ella con una enigmática media sonrisa.

por: Baldr

Quizá mejor ya no (2do premio del IIº Concurso de Relatos AWA-KW)

• Te digo que no. Que me digas que no vamos a volver. Alto, grítalo, como se infla un globo, como se cierra la herida. Dime, esta vez susurrando, que ya no más. Olvidemos los motivos. Nuestra relación era una madre que nació de un polvo. Ahora le hemos encontrado la mejor residencia a ese fruto del amor podrido: la residencia más lejana y la más barata. Un obstáculo que guardar lejos, una palabra sin significante. Tú me dices, aunque esto no llegas a decírmelo, que ya es mejor así. Que con el paso de los días ves que puedes salir adelante pero yo sólo pienso que lo que hemos perpetrado debe de ser un delito, una fatal insidia, la falacia de la juventud. Ser joven acaso era esto, ser joven era perder. Sufrir. El paso de los días es soledad, en mi caso. El paso de los días es culpabilidad, en el tuyo. Lo hemos dejado los dos y no me importa decirlo porque sorprendentemente es así, supongo que a ti tampoco.
Pero, a qué este sentimiento de abandono, a qué tus palabras expiatorias.
• Yo quiero decirte que no para que tú me digas que sí cuando quieras sí (es que todavía creo que tiene que llegar el sí) y cuando tú digas sí yo diga no, al principio, y luego no sé. Y luego sí. Y no me haré de rogar, pero debería. Borrarás mi soledad pasada -impresa en los labios, en mi cuerpo- y le haré el amor a la culpa y a la experiencia de otros falos, de otro semen. Del mismo flujo. Será como la última vez, un rito muerto, el último ejemplar de una especie en extinción. Follaremos en silencio (con el placer grande pues el sexo no entiende de rupturas ni mucho menos de reconciliaciones) y al terminar, como se termina un parto, te echarás a llorar esperando un abrazo y unas lágrimas aprobatorias en tu espalda. La palabra era un corazón maltrecho bombeando en la garganta. Follar y llorar difieren una letra, en este anhelo diferirán dos orgasmos (vagamente simultáneos).
• Y tú has pasado de ser una novia, [dos tetas, un hombro al que aferrarse, una amiga, compañera de cines, una amante, una zorra, cómplice de viaje, vientre de las noches en vela, un himen atravesado, un amor muy grande, un par de versos dedicados, la lírica del día a día, la receptora del papel de envoltorio de la FNAC, un cuerpo firme, juventud] a ser,
simplemente, delirio. Una voz al otro lado de una vida que desconozco y que ahora asusta.
Encontré la felicidad en el google del alma, en la memoria y es el recuerdo la tortura, la dilación entre esta ruptura y la muerte lo que ahoga. Navegar por las páginas más sucias,  las drogas más duras. El futuro es incierto en un final que ya no es dolor, es un niño recién muerto que no deja de sangrar. De esa tristeza hablo, a esa tristeza me refiero.
• Echo de menos el contorno de la yema de tus manos, la sensación de nadar en tu piel y extender la mía hasta desaparecer en una delgada masa de agua -que es tu cuerpo- hacia la oscuridad del deseo. Extraño, como a la partícula de dios, la fulguración del amor recién hecho y las sábanas sucias de sudor, inmaculadas de un amor sin estrenar, las torpezas de las primeras caricias, la inconsciencia de las virginales embestidas, los besos aprendidos de
otras bocas. Pero no es carnal esta agonía, va más allá. Como se pierde a un hijo te perdí a ti. Se pierde vida pero se gana culpa: Nunca se hace todo lo posible por nada. Nunca se hace
todo lo posible por nada. [Enunciados categóricos post-ruptura].

.
• Si me vieras ahora te contagiaría mi pesadumbre; este viernes solitario, en riguroso directo, sentado en la cocina -solo- cenando -solo- los espaguetis fríos del martes -sin tomate- llorando -solo-, más con la boca que con los ojos. Y pienso que es la barbilla y mi labio inferior que están echando un pulso, no es que sean mis lágrimas que me hacen caer para ponerme menos triste. Sin embargo, es el pensamiento quien posee la fuerza del derramamiento. Insistir en la memoria de mí mismo, tomar conciencia de la imagen: unos espaguetis fríos, duros, sin tomate, con el bote de Nescafé del desayuno todavía sin recoger y una soledad inabarcable conlleva la peor de las penas: sentir pena por uno mismo. Me gustaría acabar hablando únicamente de mí porque soy solo.

por: Alexitímico


AWA nº 68, Abril de 2012

No podíamos dejar pasar este mes sin sacar un número, sobretodo porque en este publicamos los relatos ganadores del concurso de relato corto 2011-2012. ¡¡Tenéis que leerlo!!

Haz click, para leer la versión digital de la revista.

Ya sabéis, haced click en la imagen para que se abra la versión digital de la revista en pdf (que os poséis descargar, naturalmente) 😉

Si hubiese cualquier tipo de problema con el enlace, por favor, no dudéis en comunicárnoslo a: awa.etsii@gmail.com

Y a esa misma dirección mandadnos vuestras colaboraciones; textos, dibujos o simples opiniones.

¡¡Buena lectura!!

IIº Concurso de relato corto conjunto AWA y ACEII-Kilowatio 2011-2012

Nos gustó la experiencia del año pasado, así que vamos a repetir. No faltéis a este segundo concurso de relatos que convocamos aliados ACEII-Kilowatio y la revista cultural AWA-ETSII: 

Bases

-En el presente concurso podrán participar todas aquellas personas que estén matriculadas en cualquiera de las titulaciones (licenciaturas, grados, segundos ciclos, másteres, etc.) ofertados por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales Madrid, así como cualquier miembro del personal docente o el personal auxiliar PAS adscrito a dicho centro.

De forma excepcional se va a permitir la participación de antiguos alumnos de la escuela. Consideramos que si se han enterado del concurso es porque aún mantienen una vinculación importante con el centro y su revista.

El plazo de envío de los relatos finaliza a las 23:59h (hora peninsular) del Martes 20 de marzo de 2012.

– Los relatos SOLO se podrán mandar por correo electrónico, a la dirección: concurso.etsii.kw.awa@gmail.com con el asunto CONCURSO-RELATO.


En el mail irán adjuntos DOS archivos; uno será el relato en sí y en el otro archivo constarán los datos del concursante. En el nombre de los dos archivos figurarán tanto el título como el pseudónimo del concursante.

Ejemplo: Archivo de datos: “Título”_“pseudónimo”_DATOS

Archivo del relato: “Título”_”pseudónimo”_RELATO

El relato deberá ir firmado con pseudónimo. Se empleará el tipo de letra Times New Roman, tamaño 12 con interlineado doble para el cuerpo del texto. Este no deberá sobrepasar en extensión las 5 páginas.

En el archivo de datos, constarán nombre y apellidos del autor, así como el correo electrónico y el número de teléfono de contacto. En caso de ser alumnos, deberá indicarse el número de matrícula y en los otros dos supuestos (docente o PAS), el autor deberá igualmente quedar claramente identificado como tal.

El encargado de la recepción de los mensajes NO será miembro del jurado, a efectos de garantizar en todo caso el anonimato de los remitentes.

Nota: Se mandará mail acusando recibo a cada participante.

-Solo se aceptará la presentación de un único relato por persona.

-El relato será de temática libre.

-El jurado estará constituido por dos miembros de la revista cultural AWA, dos de la asociación ACEII-Kilowatio y por Isabel Mendoza, directora de la biblioteca de escuela (solo en la segunda ronda de votación).

-Cualquier marca en el texto que identifique al autor de forma flagrante, podrá ser motivo de descalificación si el jurado lo considera pertinente.

-Si el jurado lo considera oportuno, la acumulación de errores gramaticales y/o ortográficos también podrá ser motivo de descalificación.

-El fallo del jurado será inapelable y se producirá antes de los exámenes de mayo/junio.

-Este curso tendrán premio los tres relatos que hayan obtenido una mayor puntuación por parte del jurado y recibirán la siguiente dotación económica (provisional, hasta confirmación por parte de dirección de alumnos y extensión universitaria):

• 1º Premio dotado con 200€

• 2º Premio dotado con 100€

• 3º Premio dotado con 50€

El premio será entregado en metálico por la sección de asuntos económicos de la escuela de ingenieros industriales.

Iº Concurso de dibujos de portada para la revista AWA 2011-2012

Como parte del lavado de cara que queremos darle a la revista AWA este curso, queremos despojar la portada de tanta letra y abrir cada mes con un dibujo realizado por vosotros.

Para ello y con el fin de que vuestro esfuerzo se vea recompensado, convocamos este Iº Concurso de dibujos de portada para la revista  AWA, a través del cual premiaremos los dos dibujos más votados por nuestro insigne jurado.

Bases

-En el presente concurso podrá participar cualquier persona que lo desee (teniendo en cuenta que el premio tendrá que ser recogido en Madrid, previa cita con nosotros, en la escuela de industriales), no siendo necesario estar matriculado en alguna de las titulaciones (licenciaturas, grados, segundos ciclos, másteres, etc.) ofertados por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales Madrid, ni ser miembro del personal docente o del personal auxiliar PAS adscrito a dicho centro.

El plazo de envío de los dibujos  finaliza a las 23:59h (hora peninsular) del domingo 4 de diciembre de 2011.

– Los dibujos se mandarán preferiblemente por correo electrónico, a la dirección: awa.etsii@gmail.com con CONCURSO-DIBUJO como asunto.

En el mail irán adjuntos DOS archivos; uno será un archivo de imagen que contendrá el dibujo en sí mismo y en el otro archivo constarán los datos del concursante. En el nombre de ambos deberá figurar el pseudónimo del concursante.

Ejemplo: Archivo de datos: “Pseudónimo”_DATOS

Archivo de imagen: ”Pseudónimo”_DIBUJO

El dibujo deberá tener una calidad y tamaño adecuados para ser publicado a formato A4.

En el archivo de datos, constarán nombre y apellidos del autor, así como el correo electrónico y el número de teléfono de contacto.

El encargado de la recepción de los mensajes NO será miembro del jurado, a efectos de garantizar en todo caso el anonimato de los remitentes.

Nota: Se mandará mail acusando recibo a cada participante.

También se aceptará la entrega en papel (aunque agradecemos que nos ahorréis el trabajo de escaneado). En este caso, se entregará el dibujo en el buzón de la asociación (3ºPiso del aulario, entre las escaleras y delegación), dentro de un sobre cerrado, en el que se encontrará el dibujo (presentado en formato A4), junto a otro sobre con los datos del autor.

-Cada participante podrá presentar tantos dibujos como desee.

-El dibujo será de temática libre, no siendo necesario que aparezca el nombre de la revista

-El jurado estará constituido por cinco miembros de la asociación.

-Cualquier marca en el dibujo que identifique al autor de forma flagrante, podrá ser motivo de descalificación si el jurado lo considera pertinente.

-El fallo del jurado será inapelable y se producirá antes de las vacaciones de Navidad.

-Este curso tendrán premio los dos dibujos que hayan obtenido una mayor puntuación por parte del jurado y recibirán la dotación económica que a continuación se detalla:

• 1º Premio dotado con 60€

• 2º Premio dotado con 25€

Estos premios serán entregado en forma de tarjeta regalo FNAC.

Ciudad sin nombre (1er puesto en el Ier Concurso de Relatos AWA-KW)

La tarde barre lentamente las calles de una gran ciudad, en lo que a tamaño se refiere, dejando a su paso ese tono de luz confusa y propia de los sueños febriles de los niños. La gente se lanza a la calle sobre sus piernas, o sobre ruedas importadas, como cada tarde entre el aglomerado de cemento, asfalto y aire viciado. La vuelta a casa es parte del trabajo de un ciudadano medio, y como tal se lleva a cabo de forma automática y rápida, siguiendo la ley del mínimo esfuerzo.
Las gargantas de la ciudad vomitan vehículos, incapaces de tragar las cantidades ingentes de tráfico que intenta filtrarse insistentemente por cada poro y grieta entre los edificios grises. Los peatones se amontonan en los pasos de cebra decididos a cruzar sea como sea, en verde, en rojo, por encima de los capós de los coches o pasando debajo de sus ruedas. En el baile cosmopolita de las siete de la tarde cualquier canción es buena, incluso los pitidos de los conductores más impacientes. Aquí todo vale.

En una calle especialmente ancha de la urbe un grupo de personas permanecen aplastadas las unas contra las otras delante de un semáforo rojo. Las más cercanas a la calzada intentan contener los impulsos casi imperceptibles del resto del pelotón, para no ser catapultados contra parabrisas y aluminio motorizado.
En esta primera fila un chico joven se mezcla entre la maraña de indiferencia escondida detrás de corbatas y maletines, zapatos de tacón y maquillaje, elegancia de serie B. Sobre su nuca, que huele a fragancia cara de imitación, cae el aliento casi amenazador de sus coetáneos, de sus recién adquiridos compañeros de travesía con los que compartirá objetivo común durante los próximos segundos, hasta que todos hayan puesto un pie sobre la acera de enfrente y se diseminen por otras venas de la ciudad. Compañeros de quita y pon.

Y precisamente en la acera opuesta otro pelotón aguarda con la misma impaciencia al mismo acontecimiento, con el mismo objetivo pero en sentido opuesto. El joven mira de frente sondeando el grupo de la otra orilla, estimando su fuerza y destreza y comparándola con la de su propio pelotón. No hay sitio para todos en este cruce y solo los más rápidos conseguirán alcanzar su meta antes de que los semáforos vuelvan a cambiar de color y los coches comiencen a presionar con sus cláxones desafinados e insistentes.

Y de repente la ve a ella, al otro lado, con las piernas en tensión sobre los tacones verdes que no acaban de conjuntar con el vestido, preparados para el sprint, e inmediatamente se da cuenta de que sus ojos no son como los de los demás, de que hay algo diferente en ella y siente el impulso de correr hacia delante, por encima o por debajo de los coches, pero no para llegar al otro lado y continuar la marcha, sino para agarrarle la mano y correr lejos, a otro lugar, donde igual pueda recordar otros tiempos en los que el asfalto podía ser una pista de baile en los días de verano y una pista de patinaje cuando llegaba el invierno.
El semáforo se pone en verde. El bando izquierdo se lanza a por el derecho, y el derecho a por el izquierdo. Él no quiere seguir a los suyos, es como si hubiera olvidado el sentido de la carrera de obstáculos de cada día. El asfalto agrietado por el calor. Los ojos al otro lado de la calzada.

Lo único que ve en el lapso de tiempo entre el choque de sus rodillas contra el suelo y el golpe de un maletín de cuero contra su cráneo, son unos tacones verdes saltando por encima de su cuerpo.

Arsénico

La muerte de Noël (2do puesto en el Ier Concurso de Relatos AWA-KW)

Noël detestaba trabajar en julio. El helado de pistacho añoraba demasiado al frigorífico y la nieve se acordó de Buenos Aires. La barba le resultaba incómoda en el hemisferio norte y los niños empezaban a escribirle. Las cartas, como todos los años: bicicletas y videojuegos. Pero las listas cada vez más avariciosas. Tu carta fue la primera que abrió Papá Noël -¿Escatetris?-. Se tuvo que poner dos pares de gafas intentando descubrir cuál era el tercer artículo que pedías. Ni él ni los duendes pudieron averiguarlo.

Pero Papá Noël nunca defraudaba, y fue a tu casa a preguntar por aquel misterioso juguete. Se subió en su trineo y voló. Voló por encima de las nubes, por detrás de los aviones. Voló sobre Reykiavik, Dublín, Guernica y tu tejado. Pero al llegar encontró un problema: tu casa no tenía chimenea, y a él no le habían enseñado a forzar puertas o ventanas.
-¡Qué demonios!- Pensó Noël -El regalo para tus padres será un nuevo juego de ventanas dobles-. Entró rompiendo el cristal de la cocina.

-Cariño, ¿lo has oído?
-Sí, ha sido al fondo del pasillo.
Tus padres tenían miedo, actuaron de la mejor manera que sabían. Tu padre nunca había hecho daño a nadie, pero cogió un bate de béisbol para intimidar. Tu madre, tras él, blandía el toallero de Ikea que aún no se habían decidido a instalar. Avanzaron hacia la cocina, que tenía la luz encendida. Al asomarse vieron a un hombre corpulento, con una barba falsa para que no le reconocieran, que cogía algunas cerezas de la nevera. Al oírles, el hombre se giró. Tu padre, en un acto reflejo, le golpeó en la cabeza.

El hombre chocó con la puerta del frigorífico antes de caer al suelo. Tus padres quedaron petrificados al descubrir que era Papá Noël el que iba dejando en el piso una mancha de sangre con forma de pato. Tus padres tenían miedo. Vaciaron una colcha y metieron el cuerpo dentro. Limpiaron el suelo de la cocina y tiraron el cadáver al contenedor de una obra. Actuaron de la mejor manera que sabían.
-¿Qué haremos ahora?- Preguntó tu padre.
-Ahorrar –Respondió tu madre-. Tendremos que comprarle los regalos al niño las próximas navidades.

Miguel Castaño Arques

Contrariando al destino (3er puesto en el Ier Concurso de Relatos AWA-KW)

Reconozco que me he rendido.

A la luz del flexo de mi escritorio leo por enésima vez  el papel  del que soy esclavo desde que llegó a mis manos.  Su mensaje es claro, directo, frío, inmisericorde.  Le hago un par de dobleces y vuelvo a guardarlo en el bolsillo de mis vaqueros. Curiosamente soy incapaz de desprenderme de él, como si necesitara recordar su contenido  de tanto en cuando a pesar de que está grabado a fuego en mi mente desde la primera vez que lo leí.
Me giro en mi silla y echo un vistazo a la calle desde mi ventana. La noche pinta de sombras las calles que se difuminan hasta que solo pueden intuirse. Pero es solo un instante, un espejismo. Enseguida las farolas parpadean devolviéndolas a la vida nuevamente. Mi luz, en cambio, reniega de su cometido.

Apago el ordenador y apuro de un trago la botella. El alcohol recorre mi garganta y hunde un poco más mis esperanzas que yacen enterradas en terreno yermo. Sueños, fantasías… Otrora colmaban mi mente, defensora de causas perdidas, arquitecta de ideales imposibles. En mi pecho un latir que parece que mastica cristales. Sin previo aviso, el sonido del reloj marcando las doce me devuelve a la realidad. Es la hora, me dice.
Hace tiempo que renuncié a tratar de dormir. He aprendido que es el sueño el que ha de encontrarme a mí y no al revés. Termino de vestirme, apago la luz, cojo las llaves en la entrada y salgo de mi piso. Ni una mirada atrás. Recorro en la oscuridad las escaleras que me conducen hasta el portal sin encontrarme con nadie. Respiro aliviado. Lo último que me apetece esta noche es charla insustancial.

Abandono el edificio y salgo una vez más a la jungla de cemento, carne y metal. Una jungla a la que no pertenezco y que nunca he sido capaz de comprender. Me siento malabarista y actor en un escenario que no es el mío.  Tuerzo a la derecha y enseguida me adentro en el parque. Uno de los pocos reductos que me quedan. Un islote de naturaleza en un océano de ladrillos. El silencio se apodera de la noche apenas interrumpido por el agitar de las hojas que provoca la brisa primaveral. Me detengo frente a un banco y decido sentarme. Tengo tiempo, todo el tiempo del mundo. Levanto la mirada y ahí, tranquila, quieta, como siempre, está mi fiel compañera en las noches. Me mira la Luna y se da cuenta que hay algo que no la encaja. Hoy es distinto. Bucea en mis pensamientos y rápidamente se esconde entre las nubes, temerosa de mirar, sabedora de a dónde me conducirán mis pasos.

Cierro mis ojos y regresan a mi mente esos nueve caracteres que me atormentan desde aquel fatídico día: tres meses… Tres meses. Mucho tiempo para el que sabe disponer de él. Muy poco para el que sabe que transcurrido ese periodo no existe un mañana. Un suspiro para el que no ha sabido qué hacer los últimos 25 años. Del cielo gris comienzan a caer unas gotas que me invitan a retomar mi camino sin pensar mucho en ello. Es más sencillo de ese modo. Como un interruptor automático que se apaga cuando no le interesa lo que va a oír.

Giro a la derecha y continúo toda la calle cuesta arriba. A pesar de la lluvia, la temperatura es cálida y la calle se encuentra concurrida. Cientos de almas que se cruzan, cada una con sus preocupaciones, cada una con su propio camino. Ninguna me importa lo más mínimo. Hubo un tiempo en que me importó la tuya, incluso más que la mía. Pero ni tan siquiera puedo recordar cuánto tiempo ha transcurrido desde que perdí tus pasos. Al final de la misma se encontraba mi segundo lugar favorito, el mirador del puente, que ofrece una vista panorámica de casi toda la ciudad. Un paréntesis en el párrafo que es mi existencia. Sospecho que, de alguna forma, los momentos pasados en aquel lugar me servían para recargar las baterías, manteniéndome sujeto a un mundo de aparente cordura. En aquellos instantes, antes de experimentar el gran salto nocturno hacia la bebida, antes de iniciar el viaje hacia el país de la autocompasión, seguía siendo yo mismo, frío y ciegamente sobrio. Rodeo con las manos aquella barandilla de hierro y miro hacia abajo, hacia aquella amalgama de luces, ruidos y movimiento, hasta que aprieto tan fuerte que resulta imposible saber dónde termina el mundo de mí mismo, el de las cosas humanas, y dónde empezaba el mundo exterior, el de los objetos inertes.

No habrá más paradas.

A medida que me acerco a las afueras la ciudad se vuelve vieja y monocroma. Las calles han dado paso a angostos callejones que unas pocas almas errantes sin techo habitan. Una joven trata de resguardarse de la lluvia ataviada en una chaqueta que tiene más jirones que tela. Dejo caer junto a ella unas monedas cuyo tintineo al rebotar contra el suelo la devuelven de un empujón a la realidad. Mira las monedas y luego a mí con la misma sorpresa que desconfianza. Finalmente las recoge y me sonríe. Y dudo. Es la primera vez que lo hago en semanas pero enseguida rechazo de mi mente aquel pensamiento. Una gota de agua no puede apagar un incendio. Es demasiado tarde.

Unos últimos pasos y alcanzo mi destino. Un muro desde el cual puede verse el cauce del río que hoy en día es apenas un hilo en los días de lluvia. Trepo hasta lo alto del mismo a través de unos viejos peldaños de metal. A mitad de camino uno cede y me arrastra en su caída. Rápidamente salta el instinto y me aferro con las manos a un saliente cercano. No puedo evitar dibujar una sonrisa ante la ironía de la situación. Termino mi escalada y me siento en lo alto. Saco de nuevo el papel de mi bolsillo.

Siempre he sentido que el destino ha dirigido mi vida, que yo era un mero espectador que debía hacer lo que me ordenaran, como una marioneta que reacciona al dictamen de los hilos. Me niego a admitirlo. Me niego a aceptar que todos mis pasos están cincelados en piedra. Yo, y solo yo, soy el dueño de mi sino. Y aunque sea una vez, tan solo una vez, voy a ser yo el que decida. Mi única decisión libre en la vida es decidir el momento de mi muerte.

Abro los ojos y contemplo el papel mientras rebusco en mi bolsillo en busca del mechero. Lo enciendo, alzo el papel y lo sitúo justo sobre la llama. Pronto da paso a unas cenizas que se unen al viento. Y mis problemas vuelan junto a ellas.

Una cálida sensación recorre mi cuerpo. El bienestar del que consigue zanjar sus asuntos pendientes después de un largo tiempo. Me sitúo al borde del muro y contemplo el horizonte. El silencio absoluto. Ni un ruido, como si todo a mi alrededor hubiera dejado de lado sus quehaceres y se centraran únicamente en mi persona. Aspiro profundamente, cierro los ojos y me dejo caer hacia delante.

Y en mi mente el vacío. La nada.  Paz.

Reconozco que me he rendido.

 Balder, Enrique Guerrero de la Calle

AWA nº 63, Mayo de 2011

Desde AWA no queríamos despedir el curso 2010-2011 sin regalaros un número más de la revista. Esperamos que os guste y que os entretenga entre sesiones de estudio; al igual que esperamos que aprobéis todas, para después daros un verano por todo lo alto.

En septiembre volveremos. Será el año de andadura de la revista por la escuela y el 3º de la asociación como entidad independiente… y esperamos de todo corazón que no sea el último, aunque eso solo dependerá de vosotros.

Ya sabéis, haced click en la imagen para volar a la versión en pdf, que naturalmente, es descargable.

Si hubiese cualquier tipo de problema con el enlace, por favor, no dudéis en comunicárnoslo: awa.etsii@gmail.com

¡¡Suerte y feliz verano!!

Editorial: Sobre la Semana Cultural ETSII 2011

La semana empezó francamente bien; la Fiesta de inauguración fue sin duda memorable.
“Bendita improvisación”, creo que es la palabra que mejor definiría el evento, porque lo cierto es que fuimos improvisando más o menos sobre la marcha, a partir de un menú completito, aunque a penas esbozado. La interacción entre los asistentes al evento (porque la afluencia de público fue buena) a un lado y otro del escenario, hizo que se fraguara un espectáculo único, de esos que hacen a uno recuperar la fe en la humanidad.
Se proyectaron los cortos seleccionados por nuestro compañero Farero; mi amigo el poeta Víctor Sierra leyó algunos de sus poemas acompañados por dos músicos de Arín Dodó Puro, Fermín y Far, que nos sorprendieron tocando una gran variedad de instrumentos musicales (¡hasta un didgeridoo!). El Olvidado, un compañero de la escuela, se animó a salir de entre el público para sumarse al recital.
Os dejo uno de los poemas que leyó ese día:

Canción al perdido

Ayer te fui a buscar
y no estabas.
Ayer tenía dudas, dudabas
pero ya no estabas
en tu cuarto
como siempre, disponible
¿y ahora qué?

Volverás, sí.
Pero bajo otro nombre,
bajo otro aspecto,
serás y no serás tú.
Serás tú
pero no pensarás igual,
no serás tú.
Serás tú,
pero no te desvivirás por tu familia,
no serás tú.
Perderé esa amistad
fraternidad que nos unió
en estos últimos tiempos.
Serás tú
pero no estarás,
no serás tú.
Mañana te buscaré,
pero no estarás aquí.

Luego el propio Far Drosdov leyó alguna de sus composiciones acompañado al violín por su compañero, intercalando fragmentos de música trance.
De esta forma, llegado un momento, la reunión pasó casi a convertirse en un ritual chamánico, al que a los dos músicos se sumó una guitarra improvisada entre el público, instrumentos de percusión de tipo sonajas y recitación que dio un hilo argumental de fondo…
Fue todo muy impresionante, me pregunto si hubiese salido tan bien de haberlo ensayado antes.

De las actividades del martes en cambio no estamos nada satisfechos. Convertimos el Salón de Actos por un día en una Sala de Cine, pero no conseguimos más de una decena de espectadores en cada proyección. No nos planteamos dejar de hacerlo, pero nos dirigimos a vosotros para preguntaros, ¿Cómo podemos hacerlo mejor?
Queremos ver el cine lleno ¿Es acaso una utopía? Está claro que con la facilidad de descargar películas por la patilla, ha perdido la gracia hasta ver películas de estreno, pero bueno, ver una película en pantalla grande tiene su gracia ¿no? Desengañadnos por favor, sacadnos de nuestro error.

Por otro lado el célebre (y a partir de hoy celebérrimo) concurso de “Renopollos”, organizado por nuestro estimado compañero Fierabrás, tuvo un éxito abrumador, del que podréis ver una muestra en la página 9 del número de mayo y la crónica completa en nuestro blog.

Del concurso de Microrrelatos rápidos del jueves debo decir que quedé francamente impresionado. La participación no fue una locura (aunque estuvo bien para el tipo de evento que era), pero la calidad, la genialidad y el grado de desbarre fue máximo. Podréis encontrar algunos testimonios de ello en la página 10 del número de mayo y vamos a ir subiendo el juego completo al blog en los siguientes días.

En lo que respecta al concurso de relato corto, del cuál el plazo para la presentación de textos expiraba al final de la Semana Cultural, registramos una participación record. En efecto este año fuisteis 37 los que os animasteis a mandar vuestros escritos; a todos, Gracias.
Estamos bastante satisfechos con la organización conjunta del evento junto con los compañeros de la asociación ACEII-Kilowatio, así como por el apoyo prestado por Isabel Mendoza, la directora de la biblioteca y por todo el personal de esta. Creemos que en el futuro se deben dar más pasos en este sentido, para tratar de articular mejor las actividades de los distintos colectivos y asociaciones de la escuela.
El jurado lo ha tenido difícil este año, había textos de mucha calidad, pero en las páginas 3, 4 y 5 del número 63 podréis leer los tres relatos ganadores.

“¿Una semana cultural al año? La cultura tiene que estar presente en la escuela todos los días” Eso es poco más o menos lo que nos dijo la Subdirectora de Alumnos y Extensión Universitaria, Mª Jesús Sánchez Naranjo, en una reciente reunión que mantuvimos con ella los representantes de AWA, para hacer balance de la semana y con el fin de lograr una mejor coordinación y más apoyo institucional.
En realidad, eso es algo que también creemos nosotros, pero ¿Qué es lo que pensáis vosotros?

Por: El Exiliado del Mitreo


Os recordamos cuales fueron las actividades por días:

JUEVES 17 de Marzo, COMPETICIÓN DE MICRORRELATOS

COMPETICIÓN DE MICRORRELATOS EN ESCRITURA RÁPIDA ¡LA IMAGINACIÓN AL PODER!

La competición consistirá en diferentes pruebas de escritura limitadas por palabras, letras, espacio y tiempo. Se realizarán diferentes etapas en las que los concursantes (si son suficientes) competirán dos a dos y se irán clasificando. Los textos se leerán en voz alta y los propios concursantes podrán votar a sus adversarios. Se valorará la originalidad y calidad de los textos.

Diferentes pruebas:

-Escribir sobre una palabra

-Escribir sin una palabra

-Continuar una historia

-etc.

Los mejores microrrelatos serán publicados en la revista.

Como la competición es durante horas “estomacales” tenemos intención de alimentar modestamente a los concursantes y despedirnos de la Semana Cultural después de haber pasado un buen rato de creación literaria.

¡¡AULA 11 DE 12:30 A 14:30!!

VENID SIN AVISAR, ¡BASTA CON UN BOLI Y VUESTRA CREATIVIDAD!

14 al 17 de Marzo, Semana Cultural de la ETSII

Hola compañeros,

Aquí llega el menú cultural que los miembros de la asociación cultural AWA-ETSII ofrecen para los estudiantes y personal de la ETSII y para todo aquel que quiera pasarse.

Haced click en la imagen para ver el programa en detalle o en el link que aparece a continuación:

62 programa

¡Haz click para ampliar!

Las actividades por días:

¡¡Esperamos veros por allí!!

Iº Concurso de relato corto conjunto AWA y ACEII-Kilowatio 2010-2011

Por fin ha sucedido lo inevitable, las asociaciones ACEII-Kilowatio y AWA nos vamos a unir para convocar el primer concurso de relato corto de la etsii. De esta forma podremos ofrecer a los participantes mejores premios, así como la publicación en la revista y el blog de los relatos ganadores. ¡No podéis faltar!

Bases

-En el presente concurso podrán participar todas aquellas personas que estén matriculadas en cualquiera de las titulaciones (licenciaturas, grados, segundos ciclos, másteres, etc.) ofertados por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales Madrid, así como cualquier miembro del personal docente o el personal auxiliar PAS adscrito a dicho centro.

 

De forma excepcional se va a permitir la participación de antiguos alumnos de la escuela. Consideramos que si se han enterado del concurso es porque aún mantienen una vinculación importante con el centro y su revista.

 

El plazo de envío de los relatos finaliza a las 23:59h (hora peninsular) del domingo 20 de marzo de 2011.

 

– Los relatos SOLO se podrán mandar por correo electrónico, a la dirección: concurso.etsii.kw.awa@gmail.com con el asunto CONCURSO-RELATO.


En el mail irán adjuntos DOS archivos; uno será el relato en sí y en el otro archivo constarán los datos del concursante. En el nombre de los dos archivos figurarán tanto el título como el pseudónimo del concursante.

Ejemplo: Archivo de datos: “Título”_“pseudónimo”_DATOS

Archivo del relato: “Título”_”pseudónimo”_RELATO

El relato deberá ir firmado con pseudónimo. Se empleará el tipo de letra Times New Roman, tamaño 12 con interlineado doble para el cuerpo del texto. Este no deberá sobrepasar en extensión las 5 páginas.

En el archivo de datos, constarán nombre y apellidos del autor, así como el correo electrónico y el número de teléfono de contacto. En caso de ser alumnos, deberá indicarse el número de matrícula y en los otros dos supuestos (docente o PAS), el autor deberá igualmente quedar claramente identificado como tal.

El encargado de la recepción de los mensajes NO será miembro del jurado, a efectos de garantizar en todo caso el anonimato de los remitentes.

Nota: Se mandará mail acusando recibo a cada participante.

-Solo se aceptará la presentación de un único relato por persona.

-El relato será de temática libre.

-El jurado estará constituido por dos miembros de la revista cultural AWA, dos de la asociación ACEII-Kilowatio y por Isabel Mendoza, directora de la biblioteca de escuela (solo en la segunda ronda de votación).

-Cualquier marca en el texto que identifique al autor de forma flagrante, podrá ser motivo de descalificación si el jurado lo considera pertinente.

-Si el jurado lo considera oportuno, la acumulación de errores gramaticales y/o ortográficos también podrá ser motivo de descalificación.

-El fallo del jurado será inapelable y se producirá antes de los exámenes de mayo.

-Este curso tendrán premio los tres relatos que hayan obtenido una mayor puntuación por parte del jurado y recibirán la siguiente dotación económica:

• 1º Premio dotado con 200€

• 2º Premio dotado con 100€

• 3º Premio dotado con 50€

El premio será entregado en metálico por la sección de asuntos económicos de la escuela de ingenieros industriales.

Invierno de la mente

“Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres…” decían los versos de Dámaso Alonso. En esta escuela somos menos pero nos pudrimos igualmente.
El proceso es muy sutil, algunos no llegarían a darse cuenta ni aunque viviesen cien vidas. Pero sin embargo nos pudrimos. Nos pudrimos lenta y supínamente. Y poco a poco nuestros huesos blanqueados al sol se agrietan y resquebrajan, convirtiéndose en polvo. Y solo es polvo, el polvo de lo que fuimos, lo que acaba la carrera.
Diréis que toda esta palabrería no son más que licencias poéticas, meras exageraciones enfáticas. Pues bien, yo desafío a cualquiera de vosotros, a decirme mirándome a los ojos y con la mano en el corazón, que mis palabras no esconden aunque sea una pizca de verdad.

Antes de ir más adelante, quiero dejar algo claro, esta exhortación no va contra la carrera en sí, ni siquiera contra la general pobreza de medios, que en el fondo son lo de menos, sino contra el “método” que se sigue en esta “santa” escuela.
Lo cierto es que me siento día tras día, hora tras hora, a vegetar en nuestras barrocas sillas de brazo (barrocas no tanto por su diseño, como por lo recargado de los graffiti y las runas ancestrales que las adornan). Es como estar en misa las más de las veces, solo que en la iglesia tienen la deferencia de hacerte sentarte y levantarte cada dos por tres para que no te duermas. El profesor salmodia (hay algunos que más bien lo musitan) su sermón que traen bien apuntadito de casa. Suena la campana. Amén. Podéis ir en paz.

La ciencia se basa en la disciplina de trabajo, es cierto, pero también en la creatividad, la experimentación y en la colaboración entre individuos. Pues bien, creo que este “método” educativo ejerce un efecto que podríamos llamar de “pie de trinchera” sobre nuestras mentes. Los soldados de la “Gran Guerra” debían permanecer durante horas de pie, en salobres trincheras, muchas veces encenagadas y a veces incluso inundadas. Si no tenían cuidado, en sus pies empezaba a producirse un dolorosísimo principio de gangrena, que a veces podía acabar incluso en amputación… En efecto, no puedo dejar de imaginarme como se gangrenan lentamente nuestros cerebros, en un ambiente tan salobre para el aprendizaje. ¿Hay muchos de vosotros que puedan afirmar que una gran parte de las asignaturas no se las acaban estudiando a machete, deprisa y corriendo, haciendo trampas al conocimiento y colándome inmundamente por la puerta de atrás del aprendizaje? Sé que los hay, es más, mentiría si dijese que no hay gente que aprende de forma “sincera”, pero ¿Acaso no creéis que esos compañeros nuestros aprenderían de todas formas, fuese cual fuese el sistema?
Algunas veces, pocas no lo dudéis, algún enseñante osa cambiar mínimamente lo establecido. Pocos son, bien es cierto, los profesores que osan y prácticamente ninguno el que además quema las naves tras de sí. Y lo trágico es, sin embargo, que entonces, son los propios alumnos, cadáveres del conformismo, los que se le oponen encarnizadamente. Hay algo patológico, enfermizo en esta escuela, creo yo. Algo que embota la imaginación, como el oxido embota el filo de una espada. Porque, ¿No os parece curioso, que alguien pueda ser a la vez el preso y el carcelero? Pero bueno, ya sabéis, que uno no se da cuenta de que vive encadenado, hasta que intenta caminar.

Tal vez algunos me acusareis de no haber escrito un relato en el puro sentido de la palabra. De haberme aprovechado de este espacio para liberar mi amargura y soltar a mis demonios personales. Pero en el fondo, ¿Qué esperabais que saliera de un marco tan siniestro como la escuela?.
En fin, puede que no os falte razón de todos modos, aunque salvo el mercenario que escribe para comer, todos aquellos que se plantan ante una pagina en blanco lo hacen, directa o indirectamente, para hablar de sí mismos, de lo que han visto, de lo que sienten, de lo que anhelan. Algunos dicen que la escritura es como un exorcismo. Yo no creo que eso sea del todo cierto. Al fin y al cabo, los demonios siguen estando ahí. Pero aunque no se hayan ido, al compartir la carga con otro, su peso se torna más soportable…

Ayer miré por la ventana y vi los castaños de indias de la entrada. Tristes y mudos, desahuciados de hojas por el invierno. Así de desahuciado me siento yo. Sin embargo ahora sé que se puede vencer al invierno del alma. Un día cruzaré esas puertas bajo un sol radiante. Contemplaré los castaños y ellos me devolverán la mirada insultantemente cuajados de flores. De la misma forma el alma retoña una vez se derriten los hielos. Ni siquiera el más duro invierno dura eternamente, al final siempre acaba llegando la primavera…

por: Mars Ultor

Texto ganador del concurso de relatos AWA-ETSII 2007