¿Cuándo se siente el calor de una persona?

Por una parte está claro que las personas damos calor, vivimos en 36 grados y pico que es, casi siempre, más temperatura que la del ambiente y el resto de cosas que nos rodean.

De otro lado, las personas somos capaces de sentir el calor: En nuestra piel tenemos receptores sensibles que nos permiten saber si algo está más frío o caliente con tocarlo, o simplemente teniéndolo lo suficientemente cerca de nosotros.

Así, cuando estas dos cosas se dan a la vez, una persona puede sentir el calor de la otra. Con ello se puede saber cuando alguien está próximo, si está enfermo, de dónde acaba de llegar, si ha usado las manos para, por ejemplo, fregar, etc.

No está muy cuantificado cuánto es el calor que una persona puede dar a otra, es algo que vamos aprendiendo, como tantas otras cosas en la vida, a base de la experiencia. Nadie recuerda cuándo fue la primera vez que sintió el calor de otra persona que sería, sin lugar a dudas, el abrazo de su madre a los pocos instantes de nacer.

Es algo a lo que nos acostumbramos, vivimos con ello e interpretamos sus señales sin plantearnos ciertamente su procedencia. Si tocas algo como, por ejemplo, un plato, y lo notas caliente, deduces que ha tenido comida hace poco. En cambio, cuando te dan una mano y está caliente, pues no se le da mayor importancia. ¿O sí?

¿Cuánto de caliente tiene que estar una persona para que nos lo planteemos? Esto nos lleva de nuevo al inicio: Bien esa persona está muy caliente, bien nosotros lo estamos sintiendo mucho. O puede ser al contrario, que una persona dé mucho calor y no lo notemos, o que no dé mucho calor pero nos parezca que da mucho calor.

Hay veces que uno nota que en ese momento está dando calor, bien por algo concreto que te ha pasado ese día, o por algo que te dijeron; una simple mirada, un pensamiento, tu salud en ese rato, ponerse nervioso… Son cosas que van a hacer que tu temperatura cambie… y, consecuentemente, que tú te des cuenta.

Ahora puede que te plantees si la persona con la que estás hablando se dará cuenta de éste calor extra que tú emites. Como hemos visto antes, en un principio no lo hará; pero no puedes estar seguro y hay veces que no te gustaría que, por ejemplo en un apretón de manos en una reunión seria en una empresa, alguien se pusiese a pensar porqué estás tan caliente.

Incluso al contrario, te gustaría que tu interlocutor se diese cuenta de este cambio: Que tu madre se entere de que andas por encima de 37, y que puede que necesites cuidados o medicación. Objetivamente, no hay forma de hacérselo notar a alguien, quizá una persona te toque la frente y vea tu calor, pero otra no se dé cuenta para nada. Cada uno lo verá a su manera.

Siempre puedes buscar otros modos de comunicarlo, desde un obvio “me noto que tengo mucho calor”, a otras formas más sutiles, como quitarse alguna prenda, hacer ver que se está sudando… Cada uno sabrá, según lo que le interese que se sepa, si quiere, o cómo quiere hacerlo, que la audiencia sepa acerca de este hecho.

Hay que valorar cuánto nos importaría, o el origen de ese calor. Puede que sea inexplicable para nosotros y que estemos buscando en otra persona algún tipo de ayuda para interpretarlo; puede que sepamos perfectamente porqué estamos así y sólo queremos que la otra persona se entere.

Si alguien te hace una caricia, te toca el cuello para besarte, te abraza… cualquier tipo de contacto corporal, ¿sabrías notar su calor? ¿Te lo llegarías a plantear, o simplemente pasarías el momento? Ahí es donde interviene el umbral; en la mayoría de ocasiones, vives el momento y ni piensas en eso… salvo que llegue a pasarse un punto. El punto en el que notas que la otra persona está más caliente de lo que esperabas o que, al menos, así lo has percibido tú.

Podríamos hacer varias cosas ahora; está claro que somos poseedores de una información extra. Normalmente, de una persona, en un acto tan sencillo como saludarse, obtenemos mucha información, tanto consciente como inconscientemente: Si sonríe, cómo va vestido, la fuerza con que nos da la mano, el tono de su voz, cómo nos mira.

Bien, ahora tenemos algo nuevo: Hemos visto que su temperatura no es la que esperábamos: Hemos descubierto que nos hemos dado cuenta. Es más, incluso nos importa el porqué, no lo sabemos, pero ha despertado nuestra curiosidad: Si normalmente no me entero de estas cosas, ¿por qué ahora sí?

¿Esta persona tendrá este calor sólo conmigo? Es posible que, igual que haya subido su temperatura baje como reacción al saludar a otras personas. ¿Habría notado este mismo incremento de temperatura en otra persona? Curioso, quizá no sea que él viniese dando calor, si no que yo estuviese más receptivo a percibirlo.

¿Cuándo sientes el calor de una persona?

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