La normalidad

Artículo nacido en una conversación de viernes corriente y clima casual en un banco a las puertas del metro con amigos no tan normales.

Artículo dedicado a V, J e I.

Frunzo el ceño mientras arrugo el labio intentando mantener el bolígrafo en precario equilibrio bajo mi nariz. Es una tarde aburrida.

-Dios,-oigo maldecir a V al otro lado de la mesa- esto no es normal.

-¿Qué no es normal, V?-pregunto como de forma automática sin dejar de mirar ese punto fascinante de la pared.

-Este dichoso problema- dice mordiendo el bolígrafo.

J pasa de página e I sube el volumen de su música. Yo sigo arrugando el labio y el Bic se balancea.

-¿Qué te hace pensar eso?

Por el rabillo del ojo veo que J ya no mira el libro.

-¿Qué?-dice V terminando de desconcentrarse.

-¿Por qué dices eso? ¿Qué tiene ese problema que no sea normal? Al fin y al cabo ¿qué es normal?- le pregunto dejando la pared para centrar mi atención en V.

J nos presta toda su atención.

-¿Qué?-Vuelve a preguntar V.

-¡Oh! ¡Yo sé!- dice J entusiasmado por la pregunta existencial. Le encantan estas cosas.

Le sonrío.

-Di, ¿qué es?- le digo.

J se cruza de brazos y cierra los ojos pensando bien cómo formular su respuesta. –Bueno, una amiga (M) una vez me dijo que “normal” es una representación de lo que piensa la gente, de lo que se considera “normal” como aceptable o conveniente. Pero esa es una visión muy general, y yo creo que lo “normal” es algo más personal. Al fin y al cabo es subjetivo, ¿o no? Personas distintas consideran normal cosas distintas. Y cuando muchos individuos tienen una idea parecida de “normal”, la cohesión de todas esas ideas compartidas es lo que se entiende como Normal en un aspecto más general.-termina satisfecho con su improvisación.

-¿Como un normal general y un normal particular?- enseguida le pregunto.

-¡Exacto!-exclama J.

-¡Woah! ¡Un momento!-salta V alzando las manos y mirándonos del uno al otro-Qué dices de cohesión de ideas, ¡lo “normal” es el sentido común! No te discuto que pueda ser diferente según la persona, pero el sentido común que vale al final es el de la mayoría. De hecho, lo que forja la “normalidad” es la tendencia de la mayoría.

-Discrepo- dice J, reclinándose en la silla- Es evidente que no nacemos con ella, y es claro que cada uno se forja su “normalidad” a partir de lo que observa, personas, comportamientos, nuestra educación, etc…

-En eso estoy de acuerdo- asiente V.

-… y puede ir cambiando según vamos creciendo, aprendiendo y viviendo… -continúa J.

-Ajá- asiente V de nuevo.

-… pero creo que el individuo tiene siempre la última palabra.

I saca punta al lápiz al final de la mesa y sus pulseras tintinean. Me extraña que esté tan callado.

-¿Qué quieres decir?- insiste V, enfrascado en la conversación, el problema olvidado hace ya rato.

-Bueno, – dice J mientras se reacomoda en la silla – creo que a lo largo de nuestra vida observamos diferentes “normalidades” pertenecientes a otra gente y las comparamos decidiendo cuál es más válida en función de la nuestra propia. Creo que es un error entender la “normalidad” como algo único para todos, como unas reglas fijas, me refiero. No, la “normalidad” realmente válida es la particular.

Viendo el momento adecuado para intervenir, carraspeo llamando la atención de los filósofos.

-No corras tanto, J- le digo amistosamente- no puedes ir y tirar al suelo a la mayoría así como así.

-¿Tú qué opinas?-me pregunta V.

-Para mí lo general y lo particular están estrechamente relacionados. Me refiero a que la “normalidad general” no es más que lo que muchos individuos coinciden en que es normal, y al mismo tiempo los individuos están continuamente siendo influenciados por la generalidad, por lo que tienen tendencia a considerar normal la generalidad. ¿No lo veis? ¡Es una pescadilla que se muerde la cola!

J me observa un momento y dice – Sí, tienes razón.

-Todo eso está muy bien y todo lo que queráis, pero…-V nos mira con atención- todavía no sabemos qué es normal.

Silencio.

I suspira, deja el subrayador y se quita los auriculares.

-Normal soy yo -dice  apuntándose al pecho- y vosotros, malditos, que no me dejáis estudiar, sois los extraños.

Más silencio mientras J y yo le miramos con la boca abierta. V consigue mantener la compostura.

-¿Me estás llamando rara?-le digo mirándolo de arriba abajo.

-Sí, y te lo voy a argumentar y todo – me dice con la plena confianza del que sabe que tiene razón – porque yo, en la normalidad tal y como yo la entiendo, soy el máximo representante. Y luego estáis los demás – añade señalándonos con la mano – en vuestros distintos grados de rareza.

-Woah- se me escapa, tratando de asimilar la idea.

-Quiero decir – añade I – más normal que yo no hay nada, ya que lo que es normal es lo que yo decido. ¿Qué pasa cuando mi normal entra en conflicto con el normal general? ¿Soy raro? No, yo soy normal, es el mundo el que es raro y no al revés.

-¿Pero no se puede ser normal  y raro a la vez?- pregunta J.

I se encoge de hombros – Si entendemos raro como diferente, yo pienso que lo raro puede ser normal, sí, si lo que uno hace no se ciñe a lo que la mayoría estipula, eso no implica necesariamente que ese uno esté ni equivocado ni trastornado. Lo raro, lo diferente, puede ser lo normal.

-Es como si el yo fuera el cero en la gráfica-añado.

I asiente energéticamente – Exactamente. ¿Estoy en lo cierto, estoy equivocado? No importa realmente, el yo es una referencia, el cero en la gráfica como tú has dicho, con el que evaluamos el mundo. El yo, aunque cambie, va a seguir siendo yo, sigue siendo el cero aunque con el tiempo el cero cambie y se reajuste.

-Oye y… – empieza a decir V mirándose las manos – ¿Puede haber gente igual de normal que tú?

-Pues yo voy a decir que sí, de hecho nuestro normal particular condiciona nuestra relación con otras personas, así que me voy hasta a atrever a decir que aquellas personas con las que más compartes la idea de “normal” son con las que más afín eres. No digo que sea algo necesario y suficiente pero al fin y al cabo ¿cómo se puede mantener una relación con alguien con quien no compartes ideas? – expone J.

-Ummm – murmuro pensativa – ¿La normalidad te une a otras personas? Eso sí es interesante… sí, yo también voy a decir que sí.

-Y por otro lado está esa gente que se conoce por estar obsesionada con ser amigo de todo Dios –dice V- o “gente obsesionada con la aceptación social” para los amigos.

-Ya, es como estar intentando compartir normalidad con todo el mundo,- digo – es imposible.

Una pausa en el aire mientras todos reflexionamos.

-Estoy empezando a preocuparme seriamente con esto de la normalidad-dice J frunciendo el ceño.

Me río – Tú sí que no eres normal – le digo.

-¿Sabéis qué no es normal?- pregunta al aire V- Este problema.

Weaboo

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