¿Otra vez?

Giro y giro. Una caída vertiginosa plagada de negros y grises. No sé cuándo he llegado al final, pero ahora salto por amplias llanuras, todavía oscuras. -¿Qué pasa?- me pregunto- ¿Por qué no funciona?- Hay dolor, bastante cerca. ¿Alguien llora, acaso? Hay una atmósfera que me molesta, que me oprime y no me deja respirar… Y entonces entiendo que algo no ha salido bien. Mi realidad se estremece entera, y noto rasgarse los sueños que no he tenido todavía. Creía que lo haría bien. Sinceramente, así lo creía. Tanto sacrificio en vano. Tantas emociones, volcadas en momentos llenos de fuerza y energía, en los que pensaba que nadie se atrevería a desafiarme. Tanta confianza en mí, depositada, que solo ha servido para terminar el trabajo que me juré impedir. ¿En quién me he convertido? Mi espíritu corrompido es el que maneja los hilos de esta terrible partida de ajedrez. Soy un espectador. Un simple espectador. Antes también lo era, es verdad, pero no consigo recordar por qué empecé esta batalla. Mis recuerdos ya no son los que me acompañaron durante tanto tiempo, los que otros dicen que viví. ¿Por qué quieren meterme ideas en la cabeza? No…son…como…yo. Nunca lo serán. Creo que antes yo no era así. Puede que me estén intentando confundir. No dejo de repetirme: “Después de todo lo que hice”. Pero tampoco tengo una idea clara de qué ocurrió. Creo que nunca más tendré nada claro. Solo veo sufrimiento y tristeza. Ya no me importa lo más mínimo hacerles caso. Ya no tengo ganas de hacer nada por ellos. Aprenderán a temerme, a obedecer a aquel que les liberó y eliminó su yugo. Nada se interpondrá en mi camino, nunca más…

(…)

El pueblo agonizaba bajo la oscuridad una vez más. ¿Qué fue de aquel que se alzó entre nosotros para acabar con esto? Todos echamos de menos retozar en los campos de primavera y las buenas compañías sin compromiso. La luz que inundaba antes nuestros corazones ha sido sustituida por miedo y desconfianza, y la vida maravillosa que nos garantizaba la salud de la que disfrutábamos se ha tornado opaca e insípida. Los instrumentos ya no son capaces de producir nota alguna. La música fue lo primero que sufrió las consecuencias de este terrible mal. Algunos de nosotros sabemos entonar todavía trozos de canciones antiguas, en algún momento llenas de vitalidad y potencia, y ahora vacías, secas como la cáscara de una nuez. Casi se puede ver el color abandonar nuestros vidriosos ojos. Una realidad en escala de grises. Una realidad con la que estoy dispuesto a acabar.  Nadie más se ha decidido todavía y no voy a esperar a que me lo pidan. He elegido mi destino y avanzo hasta Él. En su gran telaraña de discordia, me esperaba. De alguna manera nadie podía esconder sus pensamientos de Él. Avancé todo lo que me pareció prudente para estudiar su respuesta. Su figura se desdibujaba en la penumbra, o quizá Él era esa penumbra en la que se desdibujaba todo lo que creíamos conocer. Esperaba ver soberbia, odio y avaricia en sus ojos, pero lo que me encontré al mirarle directamente a la cara fue mucho, mucho peor. No vi NADA más allá de esas pupilas. Una inmensidad deshabitada. Una vida segada por la voluntad que le había valido la pérdida completa de su identidad. No podía imaginar qué le había llevado a ese estado. ¿Era Él? Ya no estaba. Solo Eso se interponía en mi camino. Y en el de todos. Decidido a acabar con lo que había empezado me abalancé sobre lo que quedaba de Él. Y todo comenzó a girar y girar…

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