Esto es un poco tonto pero en fin

Hace un tiempo conocí a un chico de ojos oscuros y tremendamente guapo que me quitó el aliento. Fue mi chico de fuego. En la distancia atraía mi mirada y mis ojos le seguían sin esfuerzo distinguiéndolo entre la multitud con la facilidad propia de unos ojos enamorados, y en su cercanía mi piel ardía mientras el corazón me palpitaba en los oídos. Ardiente y fogoso fue mi amor por mi chico de fuego del que tuve que apartarme para no terminar calcinada.

Tiempo después conocí a mi chico de dulce, menos guapo pero mucho más listo y yo le contemplaba ensimismada mientras me hablaba y me hablaba de cosas que yo todavía no conocía. Mi chico de dulce era cálido como una suave chimenea en invierno y sus besos breves y excitantes hacían que se me enroscaran los dedos de los pies. Fui una tonta. Así que cuando encontré el agrio relleno bajo aquella cobertura de azúcar y las circunstancias me brindaron la oportunidad, me fui.

Aquello me dolió profundamente y me siguió doliendo durante mucho hasta que un día me susurraron una sonrisa al oído y mi corazón volvió a volar. Así fue como conocí a mi chico de cielo. Sus rasgos eran especiales, para gustos peculiares dirían, y aunque mi chico de fuego había sido mucho más atractivo, los ojos oscuros le sentaban mejor a mi chico de cielo, unos pozos negros donde me sumergía y revivía sueños. Durante mi tiempo a su lado mi risa llegó muy lejos y muy alto. ¡Ay, cuánto quise a mi chico de cielo! ¡Mucho más que a ningún otro antes!

Desgraciadamente, el tiempo separó nuestros caminos y terminamos olvidándonos.

Mi boca tardó en volver a suspirar, pero cuando lo hizo, lo hizo por mi chico de muchas preguntas. Un amante del viento y el balón, dueño de las curiosidades y dudas con las que me bombardeaba continuamente. Al principio me resultó molesto, pero aquella sonrisa provocativa con la que me retaba a saber la respuesta acabó por hacer que me hirviera la sangre en las venas. Mucho tiempo duraron sus preguntas y mucho tiempo estuve respondiéndolas pero al igual que con mi chico de cielo, lamentablemente nuestros destinos se descruzaron y cada uno partió en busca de nuevos horizontes.

Dos años y muchas cosas han pasado desde entonces y ya no echo de menos a mi chico de cielo ni a ningún otro. El tiempo pasa y el corazón sana. He cambiado.

Hoy mi corazón ya no late por nadie más que por mí, y aunque mis ojos buscan y siguen a mi chico de aguarrás y mis suspiros son para él, mi corazón aprende a latir por nadie más que por mí. Porque veréis, mi chico de aguarrás no me quiere. Final trágico supongo. Así que mientras debatimos sobre lo que es y no es, mientras me mira con esos ojos y hace mi sonrisa danzar, trato de ignorarlo todo, porque al fin y al cabo nadie quiere un amor no correspondido. Y así mi corazón aprende a no palpitar.

Sin embargo, la vida es así, el tiempo volverá a pasar, todo cicatrizará y volveré a olvidar. Este no es el final, queda mucho que contar.

Sí tengo que decir que, les guste o no, forman parte de mí ahora y los llevaré conmigo siempre, sus palabras, sus roces, lo bueno y lo malo, forman parte de mi equipaje ahora. Los llevaré conmigo mientras sigo haciéndome más fuerte para que me hagan compañía mientras busco qué más tiene el mundo que ofrecer.

Secret agent W

 

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