Suspensos y Meteoritos

Hola, me llamo Pedro Chelyabinsk, número 054xx y quiero confesaros algo.

Os reiréis de mí, me llamaréis friki o loco, pero aún así necesito revelaros mis actos.

Confío en vosotros, compañeros de carrera, andanzas y disgustos, para que mis palabras no salgan de aquí. De lo contrario puedo ser acusado de magnicidio y atentado contra la humanidad.

El tema es que soy el culpable e instigador de los meteoritos caídos en Rusia la pasada semana.

Ahora es cuando supongo que dejaréis de leer, argumentando que esta revista incluye cada vez más basura de gente más rara. Me da igual. Escribo estas líneas con el objetivo de aliviar mi conciencia y no de lograr vuestra credulidad así que allá voy.

Todo comenzó con mi enésimo suspenso de Materiales 2.

Como a muchos de vosotros, esta asignatura me persigue desde tiempos inmemoriales, amargándome la existencia en cada convocatoria y haciendo que me pregunte cómo un examen con apuntes puede estar tan maldito.

Mi caso sería el de un alumno suspenso más si no fuera porque soy un tanto peculiar. En mis ratos libres me dedico al estudio de las artes oscuras y los saberes olvidados. No me juzguéis, todos en la ETSII somos frikis de una manera u otra. Al menos mi hobby me proporciona conocimientos insospechados, ciertos poderes y algunas habilidades que no podéis imaginar.

Éste no es el lugar para compartir mis arcanos saberes, pero digamos que, modestia aparte, mi sabiduría en el tema es bastante avanzada.

Hasta ahora me he negado a utilizar mis habilidades con fines dañinos, no soy Voldemort ni Palpatine y sólo pretendo saciar mi curiosidad con los descubrimientos. Pero la furia y rabia después de mi último suspenso fue tal que perdí el control.

Juraría que había realizado un examen casi impecable, con cuestiones bien resueltas y problemas decentemente defendidos. Pero no. El resultado fue tan lamentable como en antiguas ocasiones o incluso peor.

En el momento que vi mi suspenso, una intensa rabia se apoderó de mí y comencé a aplicar mis oscuras artes con el objetivo de destruir a aquellos que tanto dolor me estaban causando.

Clamé al cielo, gritando insultos en idiomas ya olvidados. Maldecí el nombre de cada profesor de la cátedra recitando oscuros conjuros a la luz de la luna. Dibujé los círculos sagrados tal y como describe el Necronomicon con el objetivo de invocar a Cthulhu y sus esbirros para lanzarlos contra estos seres de mala estirpe.

Pero no hubo resultado aparente.

Entonces, cuando la rabia de mi suspenso se unió a la impotencia de no lograr resultados visibles con mi hechicería, gasté mi último cartucho.

La noche del viernes 15 me infiltré en el edificio de la ETSII dispuesto a  realizar el ritual prohibido de Azathot. Para los profanos y no iniciados, sólo diré que la invocación de este poderoso Primigenio queda fuera del alcance de cualquier humano desde hace siglos, y sólo locos, incautos o desesperados como yo, lo han intentado, logrando resultados siempre inciertos.

Tras adormecer al vigilante con somníferos (que a nadie se le ocurra culpar a este inocente de mis actos), me puse a dibujar las runas y símbolos con tiza sobre el suelo de la piscina de hormigón. A pesar de que posteriormente los borré casi todos, aún podéis  acercaros al lugar para contemplar los restos y confirmar la veracidad de mi relato.

Ni yo sabía lo que podía desencadenar con aquello. Cegado por la ira realicé el ritual según los pasos descritos por Abdul Alhazred y esperé el resultado. Fue minutos después cuando sentí algo diferente. Las pinturas parecieron iluminarse, el suelo empezó a zumbar y una pequeña luz apareció en el firmamento.

Mi primer sentimiento fue de triunfo absoluto, pero unos instantes después comencé a arrepentirme y temer por las posibles consecuencias de mis actos. Afortunadamente en unos minutos todo volvió a la normalidad y observé como la luz del cielo se alejaba dirigiéndose hacia el norte.

Supuse que me había equivocado en alguna parte del ritual o que quizás mi emoción había convertido una simple estrella fugaz en un acontecimiento paranormal.

Pero al ver las noticias al día siguiente, me quedé blanco y comencé a temblar de miedo por el resultado de mis acciones. Repasé el ritual que había seguido y comprobé como había dibujado mal el sello de Yog-Sothoth, responsable de la localización geográfica de la invocación.

El resto ya es historia.

Nunca descansaré con la conciencia tranquila imaginando toda esa gente herida y sin hogar.

A todas las familias rusas afectadas por esta catástrofe, mis más sinceras disculpas. Y a todos vosotros, espero que no juzguéis a un joven cegado por la ira y tentado por los poderes oscuros.

En cuanto a ustedes, señores de la cátedra, no les quiero asustar ni amenazar. Quiero seguir creyendo que son personas normales que únicamente cumplen con su trabajo. Pero les sugeriría que en la siguiente convocatoria sean más benévolos. Estoy perfeccionando mis oscuras artes y tal vez, la próxima vez, esos meteoritos no caigan tan lejos…

The Dark Passenger.

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