A creature of habits

No soy un hombre de hábitos ni rutinas.

No me planteo cómo va a transcurrir mi jornada, simplemente me dejo caer de la cama y permito que mis quehaceres me lleven de un lugar a otro, disfrutando de los detalles que hacen diferente cada amanecer.

Pero, maldita sea, durante estos últimos días me has malacostumbrado.

Se me ha hecho normal escuchar tu voz continuamente, disfrutar de tu risa y reírme con tus cabreos repentinos.

Me habitué a tenerte al lado caminando. A parar de vez en cuando y mirar atrás por si te habías parado delante de algún escaparate de graciosos monigotes.

Me acostumbré a encontrarme algún cabello largo y negro enredado en mi jersey.

Me acostumbré también a dormir de lado y a tener menos sitio en la cama.

A zambullirme de cabeza en tu mirada profundamente azul.

A tu respiración y tus espasmos cuando comienzas a quedarte dormida.

A dormir sin mantas ni calcetines.

A compartir ducha, zumo y tostadas.

Me acostumbré a ti.

¿Y ahora? No me jodas, tengo que soportar 6 malditas horas diarias encerrado en la ETSII; preguntándome cual yonki heroinómano cuándo será la próxima vez que te vea.

Yo, que no era un hombre de costumbres…

Mitraillete.

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