The Passers. Sucesos paranormales en la ETSII

No son muchos.

Probablemente no más de una docena.

Y seguramente la mayoría de vosotros os habéis cruzado alguna vez con uno de ellos por los pasillos: miradas esquivas, incapacidad para conversar y huida de cualquier tipo de saludo. También se les reconoce por su sigilosa manera de moverse y sus comportamientos extraños. Pero lo que les caracteriza son sin duda sus calificaciones.

¿Nunca os habéis preguntado quienes son esos individuos que aparecen en las listas con Matrícula de Honor en primera convocatoria? Esa gente que aprueba todo sin apenas esfuerzo, que escriben frenéticamente en los exámenes, como si mente fuera una fuente infinita de conocimiento.

Ellos son los llamados Passers.

Algunos dicen que son alumnos reales, superdotados y antisociales. Otros los defienden como genios incomprendidos Pero también hay gente que, haciendo caso a las antiguas leyendas de la ETSII, aventuran que ellos son entes etéreos e inmortales surgidos al condensarse durante décadas la frustración e impotencia del resto de alumnos.

Los defensores de esta última y oscura teoría, la refutan con numerosos y extraños sucesos ocurridos en el edificio y que nos llevan a tratar de explicar el fenómeno de los Passers en términos paranormales.

Durante los últimos tiempos me he dedicado a recopilar testimonios que relatan algunos de esos hechos inexplicables. Son numerosas las narraciones de vigilantes de seguridad que observan a furtivos alumnos vagabundeando por la ETSII a horas intempestivas desvaneciéndose ante las cámaras de videovigilancia. También he recogido declaraciones de señoras de la limpieza que afirman escuchar susurros extraños en los turnos de última hora y observar como puertas y taquillas se abren solas.

Pero fue el relato de un bedel el que más me impactó. Sé que muchos dudaréis de sus palabras, pero creo que su caso es muy representativo y por ello me veo obligado a contároslo.

Francisco (es un nombre ficticio, no quiere ser tomado por loco) es uno de los encargados de apagar las luces y dejar todo en orden cuando la escuela cierra sus puertas. Aquella noche sus compañeros habían salido antes para disfrutar del puente y le tocaba hacerse la ronda solo. Soplaba el viento a través de las ventanas del cuarto piso y la lluvia (en todo relato de terror hay tormenta, claro) golpeaba con furia las ventanas. Con calma y cansancio accionó Francisco los fusibles dejando las últimas luces a oscuras. Fue en ese momento cuando comenzó a escuchar aquel escalofriante sonido.

-Hasfrec Bolzman Gromenawer….

No, no había sido el viento. Aquello había sonado como un susurro áspero. Como un
murciélago introducido en una termomix.

-¿Quien anda ahí?- preguntó Francisco mientras accionaba la linterna.

Silencio.
“Convergentium vaquum” “Nusselt, Reynolds et Peclet”- volvió a susurrar la voz, que ahora
parecía rodearle.

The passers dibujo

-¿Hola? Ya está cerrada la escuela, tiene que abandonar el edificio ahora…- insistió Paco
mientras caminaba dubitativo con su linterna.

En ese momento lo divisó. Una figura se hallaba sentada en el alfeizar de una de las ventanas.
Inmóvil, silenciosa y al parecer enfrascada en la lectura de un extraño libro. Al acercarse pudo
ver sus antiguas y extrañas ropas, y distinguir las palabras “Cálculo Infinitesimal” en los lomos
del antiguo libro que sostenía el alumno entre sus manos

-¿Oiga, no me ha oído? Tiene usted que abandonar la escuela, ¡No puede haber nadie aquí a
estar horas!

Lentamente el muchacho alzó la vista, y el repentino resplandor de un rayo permitió a
Pedro ver aquella expresión que no olvidaría en el resto de su vida. Expresión pálida, labios
agrietados y unos ojos vacíos de pupilas quemadas. Sin vida.

Quedó unos instantes Pedro aterrado por la visión hasta que bramó el trueno y le sacó de su
parálisis. Fue en ese momento cuando aquella figura emitió un agudo lamento y se volatilizó
en el aire, dejando detrás únicamente una nube de polvo de tiza.

Por el amor a su mujer y a sus hijos jurábame Francisco la veracidad de su historia. Y pardiez,
que yo lo creo. Confesaba con la vergüenza que un adulto admite sus miedos que desde
entonces no ha logrado volver a hacer las rondas él solo, y que ignora los esporádicos susurros
que aún sigue oyendo por los pasillos.

Así que amigos ya sabéis. Si vuestro compañero de clase atiende sin pestañear, se queda
estudiando en la biblioteca hasta horas intempestivas o aprueba con notas extrañamente
altas, sospechad. Probablemente estéis ante un genio o un friki más. Pero quizás, y sólo quizás
tengáis la suerte de haber visto a uno de ellos.

Un Passer.

Por: Fierabrás (http://balsamofierabras.wordpress.com)

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