Metafísica de los Anélidos

Los delfines nos parecen bonitos, juguetones, inteligentes, graciosos… y luego están los gusanos, que no suelen hacer tanta gracia a la gente. ¿Y qué tienen que ver? A ver, ahora, tú, coge aire, expira fuerte. Vale.

Como cualquier animal convencional, el metabolismo de los gusanos requiere oxígeno y ese oxígeno debe llegar al organismo de algún modo. Los gusanos no saltan graciosos entre las olas a por su ración de aire. No, no nos regalan una sonrisa rígida ni un cómico chorro de agua con sus zambullidas. En algún momento hemos asumido que, los gusanos, ahí abajo, deben hacer algo parecido a respirar.

El gusano no tiene en su mente una disposición geográfica del lugar en el que vive, la lámina-frontera entre el océano y el aire no significa nada para él: no tiene la necesidad de buscarla cada cierto tiempo para dar un salto, emitir una risa y volver a bajar. El gusano siempre está abajo, es más, el gusano no sabe lo que es “abajo”.

La vida en la tierra es así, es un todo. El gusano sigue sus instintos básicos de supervivencia, como todos los animales; pero, dado su rudimentario sistema nervioso, lo hace, aun más si cabe, con una inconsciencia enorme. Nada que ver con reconocerse en un espejo, o atrapar anillas con esa bonita nariz puntiaguda.

Si vemos un gusano que ha salido a la superficie de la tierra, ¿qué nos pensamos? ¿Ha salido porque ha querido? ¿Se ha confundido? ¿Lo ha sacado algún factor externo? Ni idea, tú no lo sabes y mucho menos él. Pero, no, no ha salido a por un pescadito que le ofrecieran cogido con dos dedos. De todos modos, igual que ha salido, va a volver a entrar en la tierra.

Porque sí, los gusanos son así, viven en la tierra, están dentro y punto. Nadie los quiere fuera, no gustan. Mientras ellos no salgan, ellos felices y nosotros también. Un gusano nunca va a tener la ambición de salir al aire a respirar; por parte de su voluntad, podemos estar tranquilos. Pero, la voluntad de un gusano no nos la podemos tomar como concluyente.

Siguiente factor: la voluntad nuestra. No se ven espectáculos donde gusanos salten aros, ayuden a nadar a figuras en neoprenos o boten pelotas con sus narices. Así que, nosotros tampoco somos quienes los vayan a sacar de la tierra. Parece ser que no hay motivos que nadie quiera para tener un gusano fuera de su lugar; y, sin embargo, ahí aparecen.

¿Qué coño pasa? No los quiero, ellos no me quieren, no lo necesitan… ¿por qué salen? ¿Acaso si lo necesitan? Piensa para ti mismo si puedes necesitar algo que no quieras.
Pero, bueno, parece que las consecuencias no son graves. Alguna niña pequeña gritará, algún muchachillo se querrá hacer el valiente y, el gusano emergido, bien será abandonado a su suerte, bien conocerá la muerte cruel por parte de algún chiquillo. No irá más allá de la anécdota, otra muerte olvidada a los pocos segundos de acaecer.

El gusano, a la que haya salido, habrá dejado su surco en la tierra, el camino que fue ocupando su cuerpo desde el lugar del que provino (¿dónde?) hasta su aparición estelar en la superficie del océano. Los gusanos no son sociables como para que ningún otro siga por ese tubo de vacío en la tierra. Quedará ahí, será un vestigio, digamos la única prueba de que un día, este simpático cetáceo salió de la tierra.

Ningún otro gusano va a sabe que su compañero salió y murió. Ya sabemos que ellos no quieren salir, no saben ni lo que quieren, mucho menos como para basarse en la experiencia de la muerte de su compañero, en aras de evitar la suya propia. No hay aprendizaje que valga para algo de lo que no se es consciente, ¡no culpes al segundo gusano de ello! Si sale, habrá salido, ni tú, ni él, ni yo ni nadie llegaremos a saber por qué, ni siquiera lo sabrán los delfines, tan inteligentes que son…

Le estamos dando demasiada importancia a ese gusano que salió de la tierra; por cada gusano muerto al aire, ¿cuántos quedan dentro de la tierra? Como te he dicho, el gusano vive ahí abajo sin saber cómo vive; va desplazándose, sin más rumbo que el que le excitan sus receptores sensibles al estímulo de la localización del posible alimento. Digamos que, hay millones de gusanos, dando vueltas, ahí, solos, sin saber lo que hacen… Como si en un vaso de agua echases purpurina, se quedarían los copitos flotando, dando vueltas, sin rumbo.

Ése es el mundo gusano. Supongo que no te crees que sea un mundo tan individual. Sí, cierto es, dos gusanos tendrán que encontrarse en algún momento, no sólo por la posibilidad pseudocuántica de que dos partículas de purpurina se encuentren, por azar, en un vaso de agua. También por algo tan sencillo como la reproducción: hay estudios que demuestran que los delfines mantienen relaciones homosexuales simplemente por placer y estrechamiento de vínculos sociales.

No te preocupes, no vas a tener que ver a dos gusanos macho teniendo sexo, todo queda ahí abajo. Tú limítate a no cuestionarte qué es lo que pinta un gusano saliendo de la tierra y, si acaso te quedan ganas, vete a ver a esos graciosos amiguitos grises saltando en algún acuario…

Colaboración de: Pablo

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