Fructoso y Glucosa. Empalagosos en la Etsii

Poca gente, tal vez nadie, sabe como comenzó esta romántica historia. El caso es que un lunes cualquiera, allí estaban ellos, amándose con pasión en una de las aulas de la Etsii.

Algunos dicen que Cupido se pasó con su ración de dardos amorosos, otros que la química entre ambos era demasiado exotérmica como para que no reaccionasen. Pero la cuestión es que desde el primer día demostraron estar hechos el uno para el otro.

Él se llamaba Fructoso mientras el nombre de la chica era Glucosa. Dos dulces nombres que ya vaticinaban una mezcla muy muy azucarada.

Las horas de clase se hacían más amenas para los dos monosacáridos, y los descansos se convertían en una explosión de pasión e intercambio de anticuerpos vía oral.

Fructoso, con su mirada profunda y varonil hacía derretirse a la dulce Glucosa mientras le susurraba:

-Oh querida, 12 horas sin verte han supuesto un verdadero infierno. Ven aquí y déjame recordar el sabor de tus amígdalas y el tacto de la piel de tu cuerpo.

-Fructoso, esta noche he pasado tanto frío… Tómame en tus brazos y hazme sentir una mujer.

Éstos y otros románticos diálogos podían ser escuchados por sus compañeros de clase, que parecían algo molestos seguramente por la envidia que les corroía.

-Glucosa, seamos la envidia de la Etsii, dejemos que nuestro amor fluya por estos pasillos hasta hacer venir a los bedeles con fregonas.

-Oh sí, ¡pongamos en práctica el último tema de Mecánica de Fluídos! Besémonos hasta alcanzar la tensión admisible de nuestras lenguas y hagamos un ensayo de cortocircuito con nuestros cuerpos…

-Sí, pero no puedo esperar al descanso, bésame ahora que el profesor se ha dado la vuelta, ahora que sólo nos ven las 70 personas de detrás… Enseñemos a estos fríos industriales lo que es el amor.

Y así pasaron los meses, dando rienda suelta a su amor y dejando libres sus pasiones más primarias. No puedo contaros como acaba esta historia, puesto que nadie sabe siquiera si tiene fin, pero os aseguro que vivieron felices durante mucho tiempo. Lamentablemente no puede decirse lo mismo de sus compañeros de clase, que, saturados por esta historia de pasión empalagosa, trataban de quitarse las imágenes pseudopornográficas grabadas con fuego y azúcar en sus cabezas.

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