Como mantequilla untada sobre demasiado pan…

Así decía Bilbo a Gandalf en una de las archiconocidas películas de “El Señor de los Anillos”. En aquella escena el hobbit reflexionaba acerca de tantos y tantos viajes que había hecho hasta entonces y que después de todos ellos, y de lo que le habían cambiado, se sentía disperso, disperso como mantequilla untada en demasiado pan. Y seguramente nunca hubiera tomado unos minutos para reflexionar acerca de todo aquel tránsito; de quién era, y de cómo aquellas experiencias le habían ido cambiando y enriqueciendo.

Algo así puede que me pase a mí, en el tránsito diario por los pasillos de esta escuela. Entras tímido por esa puerta en tu primer año, indeciso, titubeante. Empiezas a conocer a otra gente tanto o más insegura que tú, a la que poco a poco vas conociendo y descubriendo con el día a día. Aspectos que te agradan y que te hacen sentirte más unido y otros que sin embargo te alejan, pues no siempre una primera impresión lo dice todo. Ni una segunda. Pero al fin y al cabo te enriquecen como persona, te dan nuevas perspectivas sobre el mundo común en que vivimos, aunque fueran de un estilo con el que no comulgarías demasiado. Pasa el tiempo y algunos permanecen a tu lado, otros se distancian. La relación queda reducida a un simple ¡Hola, qué tal! o un ¿cómo te va? al vuelo, sin detenerte siquiera. Es curioso, pero el concepto de amigo puede que quede un poco en entredicho en estos casos. Te fuerza a reflexionar sobré cómo es posible mantener lazos tan estrechos en tan corto espacio de tiempo y que en otro breve lapso queden prácticamente extintos, para volver a un trato como cual si de auténticos desconocidos se tratase.

A resultas de todo esto (y del paso del tiempo), te queda un pequeño grupo de gente de confianza (a los que bien llamarías amigos), y decenas y decenas de personas a las que saludas amablemente, pero que seguramente nunca llegarás a conocer todo lo bien que te gustaría, pues sencillamente son inabarcables y nunca tendrás la oportunidad de saber de ellos algo en profundidad. Mucha gente dice “restringirse” a un grupo, pues no se puede estar haciendo amigos toda la vida. Yo creo que sí que se puede, pero parándote a pensar, pues es lógico que éstos cambien con el paso del tiempo, pero sin perder de vista quién eres y hacia dónde quieres dirigirte. Al fin y al cabo un amigo es un compañero de viaje. De lo contrario abarcarás mucho y apretarás poco. Como mantequilla untada sobre demasiado pan.

Capitán Alatriste

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One thought on “Como mantequilla untada sobre demasiado pan…

  1. Lindas palabras.
    La vida es un viaje. En ella, amigos hacemos y deshacemos, ellos cambian y nosotros también. Pero no hay que perder el rumbo ni perderlos a ellos, tal cual se dijo, “al fin y al cabo los amigos son compañeros de viaje.”

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